Yo No Soy Una Héroe

Pink :Solo Dame Una Razón
Kyoto Noviembre 2019

NO PERMITAS QUE NADIE TE LLAME “HÉROE”

(Carta que entregó un médico a sus colegas en el momento de la pandemia)

No dejes que nadie te llame héroe. Porque quien te llama héroe en tiempos de guerra es el mismo que en tiempos de paz, degradó, mortificó y profanó la profesión médica.

No dejes que nadie te llame héroe. Porque los que lo hacen tienen pasión por los “eslóganes” … histéricos y reductivos. Y “negligencia médica” es un eslogan, uno de los mejores.

No dejes que nadie te llame héroe. Porque una categoría de profesionales no se transforma, con sus derechos y deberes, con sus familias, con necesidades superpuestas a las de cualquier otro trabajador, en un ejército improbable de mártires o misioneros.

No dejes que nadie te llame héroe. Porque te están usando a ti. Sin comportamiento y sin modestia. Lo hacen para colocar una cortina elegante y efectiva sobre sus enormes responsabilidades: la de haberle quitado los medios para trabajar ayer y la de enviarlo a la guerra hoy sin armas.

No dejes que nadie te llame héroe. Porque el paso de la glorificación de los medios a la acusación de cobardía es muy corto. Y cuando, mediante la investidura universal, te conviertes en un héroe, ya no puedes quejarte si pierdes la máscara.

No dejes que nadie te llame héroe. Porque algunos de tus colegas también te están utilizando … Los “expertos”. No tienen tiempo para quedarse en el carril como tú: siempre están en la televisión, en los periódicos, en las redes sociales, para decir todo y lo contrario de todo, solo para promocionar su imagen, su nombre o el último libro publicado en tiempos registros sobre el tema … Lo hacen en nombre de la categoría, autoproclamando una representación mediática de ese heroísmo que, incluso si existiera, no les importaría.

No dejes que nadie te llame héroe. Porque vives en un país que se alimenta de sensacionalismo y, en caso de emergencia, puntualmente llega a considerar obligatorio el heroísmo. Y luego la elección te impone: martirio sobre el terreno o picota judicial mediática.

No lo hagas No caigas en la trampa …
No es obligatorio ser un héroe. Y ni siquiera es necesario. Sería suficiente que todos, médico, paciente, político, periodista, juez, abogado, conscientes de ser un hombre (compuesto de habilidades, pero también de debilidades, miedos, límites y sacrificios), intentaran cumplir con su deber y no le quitó su destino y responsabilidades. Es exactamente lo que los DOCTORES hacemos en silencio todos los días desde mucho antes de la pandemia. Siempre.
La pandemia, para nosotros, es solo una oportunidad para enseñarla a todos los demás. No lo perdamos

Alberto Mingione
Cirujano general – Hospital “San Carlo” de Potenza

NON PERMETTERE A NESSUNO DI CHIAMARTI “EROE”

(lettera di un medico ai suoi colleghi al tempo della pandemia)

Non permettere a nessuno di chiamarti eroe. Perché chi ti chiama eroe in tempo di guerra è lo stesso che in tempo di pace ha svilito, mortificato, dissacrato la professione medica.

Non permettere a nessuno di chiamarti eroe. Perché chi lo fa ha la passione per gli “slogan”… isterici e riduttivi. E la “malasanità” è uno slogan, uno dei meglio riusciti.

Non permettere a nessuno di chiamarti eroe. Perché non si trasforma una categoria di professionisti, con i loro diritti e i loro doveri, con le loro famiglie, con esigenze sovrapponibili a quelle di ogni altro lavoratore, in un improbabile esercito di martiri o missionari.

Non permettere a nessuno di chiamarti eroe. Perché ti stanno usando. Senza contegno e senza pudore. Lo fanno per stendere un’elegante, efficace cortina sulle loro enormi responsabilità: quella di averti tolto i mezzi per lavorare ieri, e quella di mandarti oggi in guerra senza le armi.

Non permettere a nessuno di chiamarti eroe. Perché dalla glorificazione mediatica all’accusa di codardia il passo è brevissimo. E quando, per investitura universale, diventi un eroe, non puoi più lagnarti se ti manca la mascherina.

Non permettere a nessuno di chiamarti eroe. Perché ti stanno usando anche certi tuoi colleghi… Gli “esperti”. Loro non hanno il tempo di stare in corsia come te: sono sempre in TV, sui giornali, sui social, a dire tutto e il contrario di tutto, pur di promuovere la loro immagine, il loro nome o l’ultimo libro pubblicato in tempi record sull’argomento… Lo fanno a nome della categoria, autoproclamandosi rappresentazione mediatica di quell’eroismo che, seppure esistesse, non li riguarderebbe.

Non permettere a nessuno di chiamarti eroe. Perché vivi in un paese che si nutre di sensazionalismo, e, nell’emergenza, arriva puntualmente a considerare l’eroismo obbligatorio. E poi ti impone la scelta: martirio sul campo o gogna mediatico-giudiziaria.

Non farlo. Non cadere nel tranello…
Non è obbligatorio essere eroi. E non è neppure necessario. Basterebbe che ognuno – medico, paziente, politico, giornalista, giudice, avvocato – consapevole di essere un uomo (fatto di competenze, ma anche di debolezze, di paure, di limiti e di sacrifici), tentasse di fare il proprio dovere e non si sottraesse al proprio destino e alle proprie responsabilità. E’ esattamente quello che noi MEDICI facciamo tutti i giorni, silenziosamente, da molto prima della pandemia. Da sempre.
La pandemia, per noi, è soltanto l’occasione di insegnarlo a tutti gli altri. Non perdiamola.

Alberto Mingione
Chirurgo Generale – Ospedale “San Carlo” di Potenza

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Nada dura para Siempre

Kansas Dust in The wind

Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante.” ― Ryszard Kapuściński

A quienes no morirán por coronavirus

Hemos podido admirar el esfuerzo imponente de quienes trabajan en nuestro sistema sanitario, la organización espontánea de redes altruistas para los cuidados y el tesón de una gran parte de la ciudadanía

La pandemia de gripe de 1918 mató en España a más de 300.000 personas de todas las edades e infectó a cerca de 8 millones, en un país con menos de la mitad de la población actual. En todo el mundo murieron al menos 40 millones de habitantes (aunque algunos cómputos elevan bastante más esa cifra), entre ellos el pintor Gustav Klimt, el escritor Edmond Rostand o el arquitecto Otto Wagner.

Nuestras autoridades impulsaron entonces medidas urgentes que ahora nos resultan familiares. Se cerraron teatros, centros de enseñanza y recintos deportivos. Se acordaron aislamientos y cuarentenas. Las calles fueron regadas periódicamente. Se impartieron consejos sobre higiene e instrucciones para impedir el contagio. Se prohibieron las aglomeraciones y los cortejos fúnebres. Todas estas prevenciones tuvieron cierto seguimiento en los sectores sociales más acomodados. Sin embargo, fracasaron por completo en los barrios más humildes de numerosas ciudades, cuyos habitantes se habían educado en el analfabetismo y malvivían en condiciones insalubres, hacinados en covachas minúsculas, sin agua potable ni alcantarillado, ni tampoco recursos para pagar servicios médicos.

El contagio llegó incesantemente desde los barrios más desfavorecidos a los más ricos, sin que la muerte diferenciara entre clases sociales. Hubo artículos en los periódicos de autores que residían en las zonas más pudientes, en los que se culpaba con enorme dureza de la expansión de la enfermedad a los pobres. Tuvieron argumentadas réplicas en las que se explicaba que la responsabilidad era de quienes habían permitido la subsistencia en esas condiciones de miseria. La insolidaridad social previa de los más privilegiados había imposibilitado la contención de la enfermedad y les había estallado trágicamente en sus propias carnes.

Experiencias como la gripe de 1918, entre otras, llevaron a apostar por un sistema público de salud, desde la perspectiva de que todos estamos interconectados y de que la vertebración social es fundamental para afrontar estos problemas. La crisis generada por la irrupción del coronavirus vuelve a demostrar la trascendencia de una sanidad pública eficaz y con instrumentos adecuados. Las proclamas de la insolidaridad social han vuelto a quedar en evidencia. Observamos a multitud de neoliberales económicos (los mismos que siempre han reclamado recortes públicos y Estado mínimo) que, al sentirse en situación de peligro, ahora exigen la máxima intervención estatal y se quejan de la insuficiencia de recursos. Son muestras de incoherencia palmaria, porque es absurdo querer una cosa y no sus consecuencias inevitables. Por suerte, nadie defiende que el virus pueda circular a sus anchas, igual que el libre mercado. Es momento de recordar a las mareas blancas y a otros movimientos cívicos que frenaron el desmantelamiento de nuestra sanidad pública.

Nos encontramos bajo el impacto de una situación que nos hace sentir como en un sueño, casi igual que en una brumosa invasión alienígena. Pero hay lecciones que podemos extraer. Algunas las había anticipado Albert Camus en su novela La peste, al mostrarnos que en la respuesta existencial ante toda epidemia surgirá la heroicidad de las personas corrientes. Como indicó literalmente uno de sus personajes, la única manera de combatir la plaga es la decencia, ejercida desde los lazos de solidaridad que unen a todos los seres humanos. La embestida del coronavirus vuelve a revelar lo peor y lo mejor de la condición humana, pero más a favor de todo lo que nos eleva moralmente.

Hemos contemplado con pasmo la estupidez de quienes roban mascarillas, la frivolidad de quienes acaparan papel higiénico o el incivismo de quienes confunden el cese de actividades con unas vacaciones para viajar por el país. Sin embargo, por encima de todo eso, también hemos podido admirar el esfuerzo imponente de quienes trabajan en nuestro sistema sanitario, la organización espontánea de redes altruistas para los cuidados y el tesón de una gran parte de la ciudadanía (en cada gesto diario) para evitar la propagación del virus.

Apenas resulta posible culpar irracionalmente a otros de la presencia del COVID-19 y de todas nuestras incertidumbres acumuladas. Como analizó René Girard, los estragos de la vieja peste negra en Europa tuvieron como reacción frecuente las matanzas de población judía, a la que se acusaba de envenenar las aguas, a través del mecanismo social de búsqueda del chivo expiatorio. En una sociedad más informada como la actual, no resulta tan fácil practicar esas maniobras de desviación. Incluso algunos de los dirigentes que han intentado estigmatizar a los migrantes por sus enfermedades han acabado portando y contagiando esta infección, en una curiosa paradoja sobre que los virus no distinguen entre razas.

Esta inesperada situación nos obliga a reubicarnos y a reflexionar. Nos hemos empequeñecido, al darnos cuenta de que no todo está controlado, como si percibiéramos que hay algo por encima de nosotros, a lo que podemos llamar naturaleza, azar, Dios, providencia o cualquier nombre equivalente, porque todo es más o menos lo mismo. Nos hemos visto obligados a romper nuestras rutinas, mientras se quiebran nuestras seguridades. Nos acechan miedos apenas explorados. Esos temores nos permiten comprender mejor a quienes tienen su vida amenazada y por eso han de escapar de sus países. Parecía todo bajo control, pero de repente sufrimos por nuestros seres más queridos. Tememos por nuestros mayores. Y, aunque sabemos que la probabilidad estadística es mínima, no podemos dejar de imaginar que algo puede suceder a los más pequeños. También advertimos de forma más clara que el riesgo principal de estar vivos es que podemos morir.

Decía Albert Camus que el bacilo de la peste nunca desaparece del todo, porque se esconde y luego regresa para seguir enseñándonos su lección. Quizás la crisis del coronavirus, al igual que la gripe de 1918, nos puede aportar como enseñanza que la conexión y ayuda mutua entre los seres humanos es la base de nuestra existencia. En los niveles institucionales, ello implica la coordinación eficiente de todos los organismos en una empresa común. También implica fortalecer espacios públicos, como nuestro sistema de salud, al igual que otros equivalentes que generan comunidad. En los ámbitos personales implica reorientar la mirada hacia nuestros seres queridos, demasiadas veces relegados por un ritmo de vida infernal que la pandemia nos ha obligado a aparcar. El miedo siempre queda sobrepasado por el afecto. La mejor vacuna contra las consecuencias sociales del coronavirus es la fraternidad

Joaquim Bosch  – Magistrado

Artículo leído con fecha del 13/03/2020 en “El Diario”

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No Sueñes Que Se Acabó

Japon noviembre 2019
Eddie Vedder y Chris Martin versionan a CROWDED HOUSE – “DON’T DREAM IT’S OVER”

Un Sueño que ha comenzado:

Tadao Ando Architect & Associates reveló el diseño de He Art Museum (HEM), el primer museo de arte dedicado a la cultura regional de Lingnan en el sur de China. Programado para abrir el 21 de marzo de 2020, con una exposición inaugural comisariada por Feng Boyi, titulada From The Mundane World, el museo diseñado por Tadao Ando se convertirá en una puerta de entrada para las artes.

Tadao Ando publica imágenes del Museo de Arte He en construcción en China, Render arquitectónico de HEM
Sitio de construcción HEM. Imagen cortesía de HEM
Sitio de construcción HEM. Imagen cortesía de HEM

Ubicada en Shunde, provincia de Guangdong en el sur de China, HEM, fundado por He Jianfeng, albergará la colección privada de la extensa colección de arte de la familia He, que comprende más de 400 obras de arte y encargos de reconocidos artistas internacionales y chinos. El Museo de Arte también incluirá una ópera y un restaurante de gastronomía cantonesa.

Sitio de construcción HEM. Imagen cortesía de HEM
Sitio de construcción HEM. Imagen cortesía de HEM

Tadao Ando:

Quiero crear un museo que pueda sintetizar las ricas y diversas culturas del sur de China que se extienden por muchos milenios y las influencias que dieron origen a la arquitectura Lingnan. Me imaginé a HEM como un punto de anclaje central enérgico para todas las costumbres artísticas y regionales, el clima, el paisaje y la civilización en Lingnan. Espero que HEM pueda convertirse en el corazón de la cultura Lingnan, no solo en Shunde sino en toda la Gran China. Espero ver las obras de arte y los programas activen el edificio, estimulando pensamientos provocadores con espacios y arte de alta calidad

Sitio de construcción HEM. Imagen cortesía de HEM
Sitio de construcción HEM. Imagen cortesía de HEM
Vista parcial de HEM. Imagen cortesía de HEM
Vista parcial de HEM. Imagen cortesía de HEM

Inspirándose en el contexto arquitectónico y cultural local, Tadao Ando imaginó un lugar de armonía. De hecho, el arquitecto autodidacta, basó su enfoque conceptual en la cosmología china antigua, la filosofía, el uso de la luz al estilo occidental y el terreno de Lingnan. En su composición, la luz natural es prominente, fluyendo desde el “pozo central del cielo” hasta los espacios de exhibición. Con su forma circular, este atrio que alberga dos escaleras de doble hélice da un guiño a los principios arquitectónicos tradicionales chinos y crea una interpretación moderna que puede revitalizar el patrimonio arquitectónico tanto del este como del oeste.

Guión de diseño de Tadao Ando para el Museo de Arte. Imagen cortesía de HEM
Guión de diseño de Tadao Ando para el Museo de Arte. Imagen cortesía de HEM
Guión de diseño de Tadao Ando para el Museo de Arte. Imagen cortesía de HEM
Guión de diseño de Tadao Ando para el Museo de Arte. Imagen cortesía de HEM

Replicando los pabellones junto al agua que se encuentran en el patrimonio de Lingnan, el arquitecto creó un estanque que envuelve el edificio y marca el camino de entrada. Además, todos los espacios de exhibición son circulares, a excepción de la galería cuadrada en la planta baja que incluye una librería de planta abierta y una cafetería. El proyecto tiene un espacio educativo flexible de 300 metros cuadrados. Finalmente, HEM es servido por la estación de tren de alta velocidad del sur de Guangzhou y está situado cerca de cuatro aeropuertos internacionales.

Escrito por Christele Harrouk

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Pensar y Existir

Tokio noviembre2019
Calor. Daniel Sabaterr
Ilustración de el mito de la caverna de Platón en 'Gran historia visual de la filosofía'
Ilustración de el mito de la caverna de Platón en ‘Gran historia visual de la filosofía’

“No puedo enseñar nada a nadie. Solo puedo hacerles pensar”, decía Sócrates. La intención del filósofo griego, tal y como se muestra en Diálogos de Platón, no era inculcar a sus discípulos qué es la inmortalidad del alma o la justicia. Quería que estos llegaran a la luz mediante el debate y sus propias reflexiones, no a partir de una definición otorgada. La única función de él, como maestro, sería la de quitar el velo que cubre la verdad.

Esa es también la finalidad de Gran historia visual de la filosofía (Blackie Books), una guía de Masato Tanaka y Tetsuya Saito con sencillos gráficos para entender los conceptos y personajes clave del pensamiento occidental. Arranca con los filósofos de la antigüedad clásica, como Tales de Mileto o Heráclito, y llega hasta la edad contemporánea con Simone de Beauvoir o Ferdinand de Saussure.

Este “diccionario” filosófico tampoco pretende ser un libro sesudo, sino más bien un pequeño glosario que pueda servir como puerta de entrada a conocer ciertos autores (o reflexiones de estos). Por eso, es válido tanto para novatos como para expertos que busquen refrescar la memoria con un solo vistazo a estos gráficos. Porque, gracias a ellos, podemos aprender a filosofar sin la necesidad de ser, como diría Nietzsche, superhombres. Repasemos siete conceptos de los muchos que podemos hallar entre sus páginas.

1. Todo fluye (‘Panta rei’)

Heráclito

1. Pantha Rhei

La frase “no podemos bañarnos en el mismo río” la hemos escuchado infinidad de veces. Pero ¿qué significa exactamente? Que todo está en constante cambio y que esta es la esencia misma del universo. Y no solo del cosmos, también de las personas y todas las cosas en general, ya sean árboles o animales: existe un mecanismo del “devenir” por el cual se rige la vida. Su responsable fue Heráclito, un filósofo tan reservado y huraño que llegó a ser apodado como “el oscuro”.

2. Idea

Platón

2. Idea

¿Qué es un triángulo perfecto? Todos en nuestra cabeza tenemos su imagen a pesar de que los ejemplos superiores no se corresponden con ella. Para Platón esto respondería a una realidad experimental a la que solo se puede llegar mediante el uso de la razón. Los sentidos nos engañan, pero en el mundo de las ideas, que es donde hemos formado la de “triángulo perfecto”, su concepto permanece inmutable.

Esto se podría aplicar a todo: la “idea de flor”, la de “árbol”, la de “caballo”… Somos capaces de construir un caballo con cubos de madera porque tenemos la idea del animal en nuestra cabeza, que sería la verdadera frente a las réplicas que nos ofrecen nuestros limitados sentidos.

3. La navaja de Ockham

Guillermo de Ockham

3. Navaja de ockham

La navaja de Ockam abriría la puerta a la filosofía moderna, donde el sujeto se convierte en el núcleo de la conciencia. Para él no existen conceptos universales, tales como “ser humano” o “animal”, sino que serían entes abstractos inventados por nosotros que no servirían para explicar el día a día. Lo que en realidad se buscaba era separar la filosofía como ciencia de la teología, que precisamente basa su saber en la existencia de entes universales como Dios.

4. Pienso luego existo (‘Cogito ergo sum’)

René Descartes

4. Pienso luego existo

Para Descartes, la única verdad irrefutable es que somos seres pensantes y que, como consecuencia, existimos. Este es el principio absolutamente cierto que daría inicio la filosofía moderna. Puede que todo lo que vemos sea un sueño: los libros, las matemáticas e incluso nuestro propio cuerpo. Pero queda algo de lo que no se puede dudar: de que existe una conciencia con capacidad para dudar.

5. Burguesía y proletariado

Karl Marx

5. Burguesía y proletariado

Según Adam Smith, hay una “mano invisible” encargada de regular el libre mercado y la búsqueda del beneficio individual, por lo que el Estado no debería intervenir. Pero para Marx es todo lo contrario. El autor de Manifiesto comunista señala que la libre competencia, en realidad, lo que provoca es una división entre ricos y pobres. O, lo que es lo mismo: entre la clase capitalista (quien tiene los medios de producción y las materias primas) y la clase trabajadora (la mano de obra). Por tanto, para evitar esta división, los medios de producción deberían ser de propiedad pública y no privada.

6. Nihilismo

Friedrich Nietzsche

6. Nihilismo

La revolución industrial cambió el mundo tal y como se conocía hasta entonces. Trajo una nueva forma de concebir la producción, pero también nuevos problemas asociados a esta como la contaminación o las condiciones de trabajo. Se empezó, por tanto, a desmontar la idea de que el progreso tecnológico estaba asociado a un progreso social, y en este contexto es donde llega la época del nihilismo para Nietzsche.

Es una era definida por la pérdida de propósito de los seres humanos, anteriormente guiados por valores tradicionales como la Iglesia. Pero ahora “Dios ha muerto”, y solo quedan dos opciones: ser un nihilista activo y crear valores nuevos en los que apoyarse; o ser un nihilista pasivo y perder la voluntad de vivir.

7. Feminismo y género

Simone de Beauvoir y  Judith Butler

Feminismo etapas

Por desgracia, la mayoría de la historia de la filosofía occidental está escrita en masculino y tenemos que esperar hasta bien entrada la edad contemporánea para encontrar pensadoras como Simone de Beauvoir. Se encargó de definir el feminismo como un movimiento para denunciar el privilegio de lo masculino y las relaciones de poder patriarcal, proponiendo como alternativa una sociedad basada en la igualdad de género que se alcanzaría a través de diferentes olas para, finalmente, abandonar el falocentrismo.

género

En este sentido también se pronunciaría la filósofa estadounidense Judith Butler, que habló del género como una construcción social que a menudo acarrea significados ocultos negativos para las mujeres. Ocurre, por ejemplo, cuando se habla de ellas como “más emocionales”, afirmación que escondería otro razonamiento: que son ilógicas.

por José Antonio Luna 

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De Alguna Manera Todo va bien

Qué crees ?
Julien Clerc
De alguna manera todo está bien sin ti
Qué crees
Excepto algunas veces por la noche.
Excepto unas pocas veces que me olvido
Que te busco gentilmente a pesar mío
Qué crees
Y de alguna manera todo está bien sin ti
No me queda nada, nada de ti
Qué crees
Excepto tu ausencia en todas partes
En el aire donde todo queda en mi piel
Y el silencio que nos recuerda
Nada viene
Nada que no sea nada
Y es todo eso de ti lo que me mantiene caliente
No pasa nada
Nada…
De alguna manera todo está bien sin ti Qué crees Excepto a veces en verano Cuando cae la noche sabes verano Entonces no queda nada para olvidar
Tant bien que mal tout va très bien sans toi
Qu'est ce que tu crois
Sauf quelques fois la nuit
Sauf quelques fois encore j'oublie
Que je te cherche doucement malgré moi
Qu'est ce que tu crois
Et tant bien que mal tout va très bien sans toi
Il ne me reste rien, plus rien de toi
Qu'est ce que tu crois
Sauf ton absence partout
Dans l'air où tout reste sur ma pea
Et le silence qui se souvient de nous
Rien ne vient
Rien qui ne soit rien
Et c'est tout ce rien de toi qui me tient chaud
Rien ne passe
Rien ne…Tant bien que mal tout va très bien sans toi
Qu'est ce que tu crois
Sauf quelques fois l'été
Quand le soir tombe tu sais l'été
Alors plus rien ne se laisse oublier

Una de las grandes paradojas del ser humano es que buena parte de su sabiduría no reside en la conciencia, sino en el inconsciente. A todos ese cúmulo de conocimientos generalmente lo llamamos intuición. Es un saber que está oculto, pero que está dentro de nosotros. Tanto es así que la ciencia ha comprobado que el inconsciente detecta las mentiras.

Aunque cada uno de nosotros no lo notemos a nivel consciente, contamos con una especie de detector de mentiras interno. Este es capaz de identificar las señales que envía el comportamiento de las personas que mienten. Así, sabemos, sin saberlo, que intentan engañarnos.

Si dices la verdad, no tienes que recordar nada”.

-Mark Twain-

Ahora bien, ¿por qué a veces permitimos que nos engañen? Aunque el inconsciente detecta las mentiras, no siempre le prestamos atención a esos impulsos intuitivos que nos lo revelan. Y por extraño que parezca, también en otras ocasiones deseamos caer en el engaño.

Supongamos que alguien se propone decir la mentira perfecta. Para lograrlo, primero tiene que elaborar una narrativa minuciosamente estructurada. Cada pieza de la mentira tiene que encajar perfectamente y, en conjunto, debe ser creíble. Así mismo, tiene que coordinar esa versión con lo que diga después al respecto. El esfuerzo es monumental.

Aún si logra construir toda una historia, perfectamente coherente, esto no basta. También debería tener un perfecto dominio de su lenguaje corporal. No puede titubear, ni mostrar señales de que está ocultando algo. Su mirada debe permanecer firme, su pupila quieta, sus manos en una posición relajada.

Mentir a la perfección es una hazaña sobrehumana. Quizás haya una o dos personas en el planeta que puedan lograrlo, pero para el común de los mortales constituye una misión imposible

La Association for Psychological Science publicó una investigación en la cual se comprueba que el inconsciente detecta las mentiras. Los resultados del estudio aparecieron en la prestigiosa revista Psychological Science y no dejan lugar a dudas. Lo primero que afirmaron los investigadores es que la mayoría de la gente es muy mala identificando los engaños conscientemente. Hasta el 54% no se dan cuenta de que les mienten.

No obstante, los investigadores sospechaban que el inconsciente detectaba las mentiras, aun cuando conscientemente la persona no se diera cuenta de ello, o no tomara en cuenta lo que le decían esas zonas profundas de su mente. Para probar esto recurrieron a un grupo de 72 voluntarios. A ellos se les presentó un video en el cual aparecían personas que habían robado 100 dólares, junto con otros que no lo habían hecho.

Cada cual daba explicaciones al respecto y los participantes debían decidir si eran culpable del robo o no. Solo el 43% de los consultados acertó. Sin embargo, los investigadores fueron más allá. Midieron sus respuestas inconscientes frente a cada una de las personas del video. Así pudieron comprobar que la gran mayoría sí era capaz de asociar a los culpables con palabras como “deshonestidad” y viceversa.

Hasta el momento no se ha podido establecer con exactitud por qué hay un contraste tan fuerte entre lo consciente y lo inconsciente, en términos de capacidad para captar engaños. Aparentemente todo tiene que ver con el hecho de que tendemos a darle mayor credibilidad a los contenidos intelectuales, que a los intuitivos. Escuchamos la voz de la razón, pero somos sordos a esos rumores de lo instintivo.

Así mismo, se sabe que hay situaciones en los que la misma víctima de un engaño, quiere participar de este. El caso más típico se da en algunos episodios de infidelidad. Los engañados suelen decir que fueron “los últimos en enterarse”. Cuando se examinan con detenimiento este tipo de situaciones, se descubre que había indicios a los que la víctima no había querido prestar atención. En esos casos, el inconsciente detecta las mentiras, pero la conciencia se niega a admitir las evidencias para eludir una experiencia dolorosa.

Todo esto nos lleva a pensar que quizás sea buena idea atender a los mensajes de nuestra intuición. Dejar de pensar que solo en nuestra razón residen las fuentes de verdad. No somos solo razón, o corazón, sino también intuición. Y allí habita un importante caudal de sabiduría

Artículo de Edith Sánchez

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Ella y Yo

Kioto noviembre 2019

Según Dostoievski, si quieres conocer realmente a alguien, mira cómo ríe

Todo, en cierta forma, habla de lo que somos. Nuestra ropa, el lugar donde vivimos, las palabras que usamos, los libros que se apilan en nuestra mesa, las películas que preferimos (y las que hemos evitado), qué comemos, las rutas que seguimos cotidianamente, etc. Todo: incluso la forma en que reímos.

Es sabido el carácter azaroso de la risa, el hecho un tanto misterioso de su origen y las formas que adquiere en cada persona. Hay quien ríe ruidosamente, otros casi como en silencio, otros de manera entrecortada, como en un tartamudeo. En poesía se ha elogiado la risa cristalina de ciertas mujeres (lo cual parece más licencia que realidad efectiva, pero quién sabe) e igualmente tenemos la imagen de las risas cavernosas de ogros y gigantes, por poner un ejemplo.

La risa, en este sentido, es asimismo seña de identidad y acaso cabría decir también que manifestación de la subjetividad, uno de los canales por los que se expresa la historia misma de lo que somos, ese de dónde venimos que resulta en el instante presente en que reímos.

“La alegría de una persona es su rasgo más revelador.”

–Fiódor Dostoyevski

En esta ocasión quisimos nutrir esta reflexión con un fragmento del gran Fiódor Dostoievski, quien en su novela El adolescente (1875) dedicó algunos párrafos a la risa como huella, individual pero también colectiva. Desde su pesimismo, el ruso siente nostalgia de una época casi bucólica en que las risas eran francas, resultado de la bondad absoluta.

Pero más allá de esto, Dostoievski coincide en que la risa es expresión de la subjetividad misma. Para conocer realmente a alguien, nos dice Dostoievski, hay que mirar cómo ríe:

“La alegría de un hombre es su rasgo más revelador, juntamente con los pies y las manos. Hay caracteres que uno no llega a penetrar, pero un día ese hombre estalla en una risa bien franca, y he aquí de golpe todo su carácter desplegado delante de uno.

Tan sólo las personas que gozan del desarrollo más elevado y más feliz pueden tener una alegría comunicativa, es decir, irresistible y buena. No quiero hablar del desarrollo intelectual, sino del carácter, del conjunto del hombre. Por eso si quieren ustedes estudiar a un hombre y conocer su alma, no presten atención a la forma que tenga de callarse, de hablar, de llorar, o a la forma en que se conmueva por las más nobles ideas.

Miradlo más bien cuando ríe. Si ríe bien, es que es bueno. Y observad con atención todos los matices: hace falta por ejemplo que su risa no os parezca idiota en ningún caso, por alegre e ingenua que sea. En cuanto notéis el menor rasgo de estupidez en su risa, seguramente es que ese hombre es de espíritu limitado, aunque esté hormigueando de ideas. Si su risa no es idiota, pero el hombre, al reír, os ha parecido de pronto ridículo, aunque no sea más que un poquitín, sabed que ese hombre no posee el verdadero respeto de sí mismo o por lo menos no lo posee perfectamente.

En fin, si esa risa, por comunicativa que sea, os parece sin embargo vulgar, sabed que ese hombre tiene una naturaleza vulgar, que todo lo que hayáis observado en él de noble y de elevado era o contrahecho y ficticio o tomado a préstamo inconscientemente, y de manera fatal tomará un mal camino más tarde, se ocupará de cosas “provechosas” y rechazará sin piedad sus ideas generosas como errores y tonterías de la juventud.”

Artículo leído en Cultura Inquieta.

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“Camina Conmigo”

Imaginary future, Can´t take may eyes off you
Parc National de Saint Cloud. Paris 2020
 Ne marche pas devant moi,je ne te suivrai peut-être pas.
Ne marche pas derrière moi, je ne te guiderai peut-être pas.
Marche avec moi et sois mon ami "


"No camines frente a mí, tal vez no te siga. 
No camines detrás de mí, tal vez no te guíe. 
Camina conmigo y sé mi amigo "

Albert Camus
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