Prefiero

Si me ves por alguno de tus pensamientos abrázame porque te extraño.      Julio Cortazar

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Paris 30 diciembre2018

El Museo Picasso, ubicado en el Hotel Salé, expone obras de Picasso realizadas en diferentes épocas, destacando especialmente una extensa colección de esculturas.

Es un importante centro de estudio sobre la vida y obra del artista.

Inaugurado en 1985, el museo cuenta también con miles de documentos y fotografías que pertenecieron a Picasso.

El edificio

El Hotel Salé, ubicado en el histórico barrio de Le Maráis, es un precioso edificio construido entre 1656 y 1659 que antes de alojar el Museo Picasso fue utilizado como Embajada de la República de Venecia, institución para jóvenes y Escuela Central de Artes y Manufacturas.

 

UN MUSEO VIRTUAL NOS PERMITE DISFRUTAR LA OBRA DE VERMEER EN REALIDAD AUMENTADA

Google Arts & Culture ha reunido toda la obra de uno de los pintores holandeses más geniales y reconocidos del barroco, el genial artista holandés Johannes Vermeer

 

Las 34 obras atribuidas firmemente a Vermeer, autor entre otras de la archiconocida pintura La joven de la perla, están disponible desdeya en realidad aumentada, en la Galería de bolsillo de la plataforma Google Arts & Culture.

Las obras de Vermeer se conservan en 17 colecciones de siete países por lo que esta aplicación permite al espectador verlas todas juntas, en un solo sitio, a través de realidad aumentada, con la curaduría de expertos del museo Mauritshuis de Países Bajos.

Si bien La joven de la perla es la pintura más famosa de Vermeer, La lechera, Vista de Delft y La alcahueta son otros de sus cuadros que se han convertido en piezas definitorias de su obra y que demuestran la capacidad que tenía el artista para captar la luz de una manera que pocos habían logrado.

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Como se desconoce el paradero de muchas de sus pinturas (solo se conocen 36), un aire de rareza envuelve al artista. Es posible que esto se deba no solo al hecho de que los coleccionistas han valorado enormemente las obras restantes, sino que los ladrones de arte también han estado al acecho. Durante décadas, se han robado varias pinturas de Vermeer, incluidas Mujer tocando la guitarra en 1974, La carta de amor en 1971 y la más famosa, El concierto, en 1990, que aún sigue desaparecida.

Averiguad más sobre este museo de realidad aumentada en este breve vídeo a continuación:

Google Arts & CultureWeb

Leido en Cultura inquieta

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Quiero tu nombre olvidar

 

24134_1352361243059_4879453_n-001Las Salinas de Cabo de gata. Almeria

¿Qué tal nos llevamos con la soledad? Muchas personas no tienen una relación demasiado cordial, que digamos. Parece que para muchos estar solo en un estigma social del que hay que huir y hay otros, los que menos, que prefieren estar solos que mal acompañados. Sin embargo, la soledad convive con nosotros de un modo otro. Si hablamos del mundo de la pareja, hay una mayor soledad “oficial” (porque se puede compartir la cama y estar a más de mil kilómetros de la otra persona): Nos casamos más tarde y nos separamos con más frecuencia. En el caso de los amigos, podemos tener cientos de ellos en Facebook pero luego, cuando llega el fin de semana, quizá no tengamos a nadie con quien compartir una cerveza. Así pues, la soledad está en nuestras vidas y conforme están demostrando los estudios, no es tan mala como la pintan… Es más, la soledad puede ser incluso muy positiva.

Según el sociólogo Eric Klinenberg, la soledad nos ayuda a disfrutar de relaciones de mayor calidad. Tiene su lógica. Las emociones funcionan por contraste. Somos capaces de valorar lo que tenemos si somos conscientes de lo que supone su pérdida. Es más, incluso el hecho de estar solos en un terreno de nuestra vida nos da energía para reducirlo en otro, como han demostrado varios estudios publicados en American Sociological Review. Las personas que viven solas consiguen tener una red social de amistades igual, o más extensa que las de las personas que viven acompañadas. Pero hay más ventajas.

El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi ha comprobado que los adolescentes que no pueden aguantar la soledad, no son capaces en el futuro de desarrollar un talento creativo. ¿Por qué? Porque la soledad es una fuente maravillosa de innovación y de entrenamiento de nuestro autoliderazgo, según este estudio. A este respecto, la autora Susan Cain recordó en su ya famosa charla ‘El poder de los introvertidos’ que grandes talentos como Darwin, Roosevelt o Gandhi fueron también grandes solitarios. También lo fue Steve Wozniak, cofundador del gigante Apple. Y es que, de forma muchas veces equivocada “tenemos la creencia de que toda creatividad proviene de un lugar sociable, pero la soledad es el ingrediente fundamental de la creatividad. No siempre el que más habla o el que mejor sabe comunicar en público es el que mejor ideas tiene”.

Esto ocurre en el ámbito empresarial porque cuando entramos en dinámicas de trabajo grupales, como se hace de forma habitual en casi todas las organizaciones, tendemos a seguir de forma inconsciente las premisas de los demás para no desentonar y desmontar los puzles marcados. Es en soledad cuando somos críticos y generamos mejores ideas. Por ello, si buscas una solución que se te resiste, compagina conversaciones o análisis con momentos de estar contigo mismo. Ahí está la fuente de cuestionar lo establecido.

Y otro punto importante, si no sabemos gestionar nuestra soledad podemos acabar en los brazos de alguien (o de un grupo de amigos) que en el fondo no nos da más que eso: Remedio para no sentirnos solos. Por ello, cuanto más entrenemos las ventajas de estar con nosotros mismos, más valientes y coherentes seremos con lo que hagamos y quizá podamos decir “no” a determinadas compañías.

En definitiva, si te sientes solo, si tu carácter no es arrollador, o si simplemente no te ha ido del todo bien hasta el momento en el amor o con las amistades, no pienses que todo está perdido, ni mucho menos, porque tu vida puede ser maravillosa en soledad, quizá seas incluso más selectivo y puedas aportar, a tu manera, un valor extraordinario.

No nos cerremos al amor ni a la convivencia. No, no es cuestión de cerrar tus ventanas al mundo, pero aprendamos a convivir con nosotros mismos cuando nos toca porque podemos sacar experiencias e ideas extraordinarias, además de aumentar nuestros niveles de empatía porque, como dijo Tomas De Quincey:

“La soledad, si bien puede ser silenciosa como la luz, es, al igual que la luz, uno de los más poderosos agentes, pues la soledad es esencial al hombre. Todos los hombres vienen a este mundo solos y solos lo abandonan”.

Arículo leido:

La soledad no nos sienta tan mal

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Recuerdos

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A veces no conoces el verdadero valor de un momento hasta que se convierte en memoria“. Dr. Seuss-

Los recuerdos son una forma de aferrarte a las cosas que amas, las cosas que eres, las cosas que no quieres perder”.

Un recuerdo agradable puede devolvernos esa paz interior perdida, restaurar esa autoestima lastimada. Por contra, si esa experiencia vivida se traduzca en un recuerdo amargo, lo último que querremos será rememorarlo.

 

 

Ce soir, le vent qui frappe à ma porte——->Esta noche, el viento que golpea en mi puerta
me parle des amours mortes——>me habla de amores agotados
devant le feu qui s’ éteint.—–>delante del fuego que se apaga.

Ce soir, c’est une chanson d’ automne——->Esta noche, es una canción de otoño
dans la maison qui frissonne——->en la casa que se estremece
et je pense aux jours lointains.——>y pienso en los lejanos días.

Que reste-t-il de nos amours?——>¿Qué queda de nuestro amor?,
que reste-t-il de ces beaux jours?——->¿qué queda de esos bellos días?,
une photo, vieille photo——->una foto, una vieja foto
de ma jeunesse.——->de mi juventud

Que reste-t-il des billets doux,——–>¿Qué queda de las cartas de amor,
des mois d’avril, des rendez-vous——–>de los meses de abril, de las citas?
un souvenir qui me poursuit——–>un recuerdo que me persigue
sans cesse.——->sin cesar.

Bonheur fané, cheveux au vent——>Felicidad marchitada, cabellos al viento,
baisers volés, rêves mouvants——–>besos robados, sueños cambiantes,
que reste-t-il de tout cela?——–>¿qué queda de todo eso?,
dites-le-moi.——>dímelo.

Un petit village, un vieux clocher——>Un pequeño pueblo, un viejo campanario,
un paysage si bien caché——->un paisaje bien escondido
et dans un nuage, le cher visage ; y en una nube, el querido rostro
de mon passé.—–>de mi pasado.

Les mots, les mots tendres qu’on murmure——->Las palabras, palabras tiernas que se murmuran,
les caresses les plus pures——>las caricias más puras,
les serments au fond des bois——>los juramentos en el fondo del bosque.

Les fleurs qu’on retrouve dans un livre——->Las flores que se encuentran en un libro
dont le parfum vous enivre———->cuyo aroma te embriaga
se sont envolés, pourquoi?———–>han volado, ¿por qué?

Que reste-t-il de nos amours?——>¿Qué queda de nuestro amor?,
que reste-t-il de ces beaux jours?——->¿qué queda de esos bellos días?,
une photo, vieille photo——->una foto, una vieja foto
de ma jeunesse.——->de mi juventud

Que reste-t-il des billets doux,——–>¿Qué queda de las cartas de amor,
des mois d’avril, des rendez-vous——–>de los meses de abril, de las citas?
un souvenir qui me poursuit——–>un recuerdo que me persigue
sans cesse.——->sin cesar.Bonheur fané, cheveux au vent——>Felicidad marchitada, cabellos al viento,
baisers volés, rêves mouvants——–>besos robados, sueños cambiantes,
que reste-t-il de tout cela?——–>¿qué queda de todo eso?,
dites-le-moi.——>dímelo.

Un petit village, un vieux clocher——>Un pequeño pueblo, un viejo campanario,
un paysage si bien caché——->un paisaje bien escondido
et dans un nuage, le cher visage ; y en una nube, el querido rostro
de mon passé.—–>de mi pasado.

De mon passé…———————>De mi pasado…

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9 de Enero

 

Después de la muerte de los padres, la vida cambia mucho. 

O quizás, muchísimo. Enfrentar la orfandad, incluso para personas adultas, es una experiencia sobrecogedora. En el fondo de todas las personas siempre sigue viviendo ese niño que siempre puede acudir a la madre o al padre para sentirse protegido. Pero cuando se van, esa opción desaparece para siempre.

Vas a dejar de verlos, no una semana, ni un mes, sino el resto de la vida. Los padres fueron las personas que nos trajeron al mundo y con quienes se compartiste lo más íntimo y frágil. Ya no estarán aquellos seres por los que, en gran medida, llegamos a ser lo que somos.

Nunca estamos del todo preparados para enfrentar la muerte, más aún si se trata de la de uno de nuestros padres. Es una gran adversidad que difícilmente se llega a superar totalmente. Normalmente lo máximo que se consigue es a asumirla y a convivir con ella. Para superarla, al menos en teoría, tendríamos que entenderla y la muerte, en sentido estricto, es del todo incomprensible. Es uno de los grandes misterios de la existencia: quizás el más grande.

Obviamente, el modo en el que integremos las pérdidas va a tener mucho que ver con la manera en la que se hayan producido. Una muerte de las llamadas “por causas naturales” es dolorosa, pero lo es más un accidente o un asesinato. Si la muerte fue precedida por una larga enfermedad, la situación es muy distinta a cuando se produjo de manera súbita.

También incide la diferencia en tiempo entre la muerte del uno y el otro: si media poco tiempo, el duelo será más complejo. Si, en cambio, el lapso es más extenso, seguramente estaremos un poco mejor preparados para aceptarlo

Realmente no solo se va un cuerpo, sino todo un universo. Un mundo hecho de palabras, de caricias, de gestos. Inclusive, de reiterativos consejos que a veces hartaban un poco y de“manías” que nos hacían sonreír o frotarnos la cabeza porque les reconocemos en ellas. Ahora comienzan a extrañarse de un modo inverosímil.

La muerte no avisa. Puede presumirse, pero nunca anuncia exactamente cuándo va a llegar. Todo se sintetiza en un instante y ese instante es categórico y determinante: irreversible. Tantas experiencias vividas al lado de ellos, buenas y malas, se estremecen de repente y quedan sumidas en recuerdos. El ciclo se cumplió y es momento de decir adiós.

Pensamos, por lo general, que nunca va a llegar ese día, hasta que llega y se hace real

Porque con la muerte comienzan a entenderse muchos aspectos de las vidas de las personas fallecidas. Aparece una comprensión más profunda. Quizás, el hecho de no tener presente a las personas queridas suscita en nosotros el entendimiento sobre el porqué de muchas actitudes hasta entonces incomprensibles, contradictorias o incluso repulsivas.

Por eso, la muerte puede traer consigo un sentimiento de culpa frente a quien murió. Es necesario luchar contra ese sentimiento, ya que no aporta nada, sino hundirte más en la tristeza, sin poder remediar nada ¿Para qué culparse si uno cometió errores? Somos seres humanos y acompañando a esa despedida tiene que existir un perdón: del que se va hacia el que se queda o del que se queda hacia el que se marcha.

Cuando mueren los padres, con independencia de la edad, las personas suelen experimentar un sentimiento de abandono. Es una muerte diferente a las demás. A su vez, algunas personas se niegan a darle la importancia que el hecho se merece, como mecanismo de defensa, en forma de una negación encubierta. Pero esos duelos no resueltos retornan en forma de enfermedad, de fatiga, de irritabilidad o síntomas de depresión.

Los padres son el primer amor

No importa cuántos conflictos o diferencias se haya tenido con ellos: son seres únicos e irreemplazables en el mundo emocional. Aunque seamos autónomos e independientes, aunque nuestra relación con ellos haya sido tortuosa. Cuando ya no están, se experimenta su falta como un “nunca más” para una forma de protección y de apoyo que, de uno u otro modo, siempre estuvo ahí.

De hecho, quienes no conocieron a sus padres, o se alejaron de ellos a temprana edad, suelen cargar toda su vida con esas ausencias como un lastre. Una ausencia que es presencia: queda en el corazón un lugar que siempre los reclama.

Un año mas…Donde quiera que esteis.

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Y ahora, a hablar de viajes, de música o de política.

Feliz día de Reyes

Entonces, ¿eres médico?

Viernes por la tarde. Al fin, después de unos días infernales de trabajo, puedes descansar. Te apetece hablar de política, de viajes, de la familia o de cine; o ponerte cuanto antes con tu afición favorita. Abres el portal de casa con energía y, esperando el ascensor, el vecino del cuarto te asalta: “¡Qué suerte haberte visto! Le dije a mi mujer que si no te veía me acercaría a tu casa. Es que María lleva dos días con un dolor de cabeza tremendo…” Con cara de interés contestas: “Ah, ¿sí?” “Pues sí. Ya sabes que lleva años con esas cefaleas y que le ve el doctor Parra en el Hospital Don Pío; pero ayer llamamos para pedir cita y resulta que está de vacaciones, justo ahora, ¡qué mala suerte!” Y contestas, con cara comprensiva: “Es verdad, ¡qué mala suerte!” “¿Y qué podemos hacer?”…

……..

Al fin estás a solas con tu familia. Te duchas y te pones ropa cómoda. Tus hijos se marchan a casa de sus primos y tienes una cena con unos amigos del bachillerato y sus parejas: un buen plan. Salís pronto de casa para tomar un vino con tu pareja y hablar con tranquilidad de todo un poco. ¡Qué bien! Llegáis a la cena y hay abrazos y buenas caras. Pronto empiezan las bromas, los recuerdos y las risas. Justo enfrente se sienta la nueva novia de tu querido amigo Andrés. Parece muy agradable. Cuando traen el segundo plato, te pregunta: “Entonces, ¿eres médico?” A lo que contestas, con cara de sorpresa: “Así es; un matasanos” “Qué suerte tener un amigo médico, siempre quise tener uno, porque no veas lo aprensiva que soy.” Contestas, con cara algo desanimada: “¡Ah!, ¿sí?” “Justo ahora estoy pasando un mal momento, porque llevo uno días con una tos que no se me pasa y de vez en cuando echo…” y describe detalladamente cómo son sus esputos, algo bastante desagradable hasta para un médico que está tomando una lubina a la bilbaína.

Durante el resto de la cena, la estupenda novia de Andrés no ha parado de consultarte por sus enfermedades, por las medicinas que toma y ha tomado, por lo que le pasa a su padre y a su hermano, te ha pedido consejos dietéticos y opinión sobre las medicinas alternativas, de las que es muy asidua, hasta el punto de darte una lección magistral sobre su utilidad. Cansado por la intensidad de tu interlocutora y por el esfuerzo que has hecho durante toda la cena por estar a la altura de su interrogatorio, cuando llega la hora de marcharte a casa estás algo molesto porque te has perdido las conversaciones más divertidas, que sólo podías escuchar de refilón con la oreja derecha. Imaginabas qué hubieras dicho si hubieras podido bromear con tus amigos, pero tu enorme sentido de la obligación te ha llevado a pasar consulta, una vez más, durante la cena.

Llegas a casa y estás agotado. Te quedas dormido sin dar ni las buenas noches, pensando que mañana es sábado, ¡el mejor día de la semana! El sábado por la mañana has planeado con tu hijo mayor llevar el coche al taller, porque hace un ruido raro. Desayunáis tranquilos, compras el periódico y te marchas con Jaime, de 12 años, al Taller Hernán. Has dejado el coche varias veces allí y Hernán te genera confianza. Le cuentas lo del ruido y, de pronto, ¡zas!: “Qué suerte que hayas venido hoy. La semana pasada me hicieron unos análisis y me han sacado colesterol y azúcar” Y, de nuevo, contestas, con cara de cansancio: “Ah, ¿sí?” “Y mi médico, que es muy serio, ya me ha puesto a régimen y me ha dicho que tome… espera que voy a por las pastillas”. Cuando regresa con ellas, continua: “Tengo los análisis en casa; si quieres le digo a mi mujer que los baje en un momento para ver qué te parece a ti, porque yo creo que no es para tanto… porque ¿tú crees que tendré que tomar pastillas para siempre, como si ya fuera un viejo?” Contestas, otra vez, ahora con cara de un leve, muy leve, enfado: “¡No, no! No hace falta que llames a tu mujer.”

Por un momento, se te pasa por la cabeza decirle, con cara furiosa: “Mira, Hernán: si te parece yo veo tus análisis, lo que te han mandado y te doy mi mejor consejo, pero a cambio tú miras mi coche, lo revisas y lo arreglas. Quid pro quo(una cosa por otra), ¿de acuerdo?”. Piensas en la cara que hubiera puesto Hernán si le hubieras dicho todo eso, pero finalmente acuerdas que te mandará por WhatsApplos análisis.

Un primo nos pide que si podemos hablar con una amiga porque le acaban de diagnosticar un cáncer y está muy angustiada, nuestro mejor amigo que la hija de su vecina está con dolor de tripa y no dan con ello, por si le podemos ayudar…, etcétera, etcécera.

Todas estas anécdotas son pequeñas historias que han vivido muchos médicos en sus propias carnes y, seguramente, a todos nos resultarán familiares. Es cierto que el médico nunca deja de ser médico, que lo somos las 24 horas del día. Y así sucede, que recibimos consultas de todo tipo, por todos los medios y en cualquier momento.

Y ahora, a hablar de viajes, de música o de política.

leído en revista Univadis

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Lo Estamos Consiguiendo….

¿Es esto lo que queremos? Pues …”Lo Estamos Consiguiendo”…

 

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¿Evitar a las mujeres a toda costa?

La idea de que las mujeres han de ser creídas en todo caso se ha extendido lo bastante como para que muchos varones prefieran no correr el mínimo riesgo

TOMAMOS INICIATIVAS con gran alegría y con prisas, olvidando que nadie es capaz de prever lo que provocarán a la larga o a la media. No pocas veces medidas “menores” y frívolas, o autocomplacientes, han desembocado en guerras al cabo de no mucho tiempo. Los impulsores de las medidas nunca se lo habrían imaginado, y desde luego se declararán inocentes de la catástrofe, negarán haber tenido parte en ella. Y sin embargo habrán sido sus principales artífices.

Sin llegar, espero, a estas tragedias, el alabado movimiento MeToo y sus imitaciones planetarias están cosechando algunos efectos contraproducentes, al cabo de tan sólo un año de prisas y gran alegría. Había una base justa en la denuncia de prácticas aprovechadas, chantajistas y abusivas por parte de numerosos varones, no sólo en Hollywood sino en todos los ámbitos. Ponerles freno era obligado. Las cosas, sin embargo, se han exagerado tanto que empiezan a producirse, por su culpa, situaciones nefastas para las propias mujeres a las que se pretendía defender y proteger. El feminismo clásico (el de las llamadas “tres primeras olas”) buscaba sobre todo la equiparación de la mujer con el hombre en todos los aspectos de la vida. Que aquélla gozara de las mismas oportunidades, que percibiera igual salario, que no fuera mirada por encima del hombro ni con paternalismo, que no se considerara un agravio estar a sus órdenes. Que el sexo de las personas, en suma, fuera algo indiferente, y que no supusieran “noticia” los logros o los cargos alcanzados por una mujer; que se vieran tan naturales como los de los varones.

Leo que según informes de Bloomberg, de la Fawcett Society y del PEW Research Center, dedicado a estudiar problemas, actitudes y tendencias en los Estados Unidos y en el mundo, se ha establecido en Wall Street una regla tácita que consiste en “evitar a las mujeres a toda costa”. Lo cual se traduce en posturas tan disparatadas como no ir a almorzar (a cenar aún menos) con compañeras; no sentarse a su lado en el avión en un viaje de trabajo; si se ha de pernoctar, procurar alojarse en un piso del hotel distinto; evitar reuniones a solas con una colega. Y, lo más grave y pernicioso, pensárselo dos o tres veces antes de contratar a una mujer, y evaluar los riesgos implícitos en decisión semejante. El motivo es el temor a poder ser denunciados por ellas; a ser considerados culpables tan sólo por eso, o como mínimo “manchados”, bajo sospecha permanente, o despedidos por las buenas. La idea de que las mujeres no mienten, y han de ser creídas en todo caso (como hace poco sostuvo entre nosotros la autoritaria y simplona Vicepresidenta Calvo), se ha extendido lo bastante como para que muchos varones prefieran no correr el más mínimo riesgo. La absurda solución: no tratar con mujeres en absoluto, por si acaso. Ni contratarlas. Ni convertirse en “mentores” suyos cuando son principiantes en un territorio tan difícil y competitivo como Wall Street. En las Universidades ocurre otro tanto: si hace ya treinta años un profesor reunido con una alumna dejaba siempre abierta la puerta del despacho, ahora hace lo mismo si quien lo visita es una colega. Los hay que rechazan dirigirles tesis a estudiantes femeninas, por si las moscas. En los Estados Unidos ya hay colleges que imitan al islamismo: está prohibido todo contacto físico, incluido estrecharse la mano. Como en Arabia Saudita y en el Daesh siniestro, sólo que allí, que yo sepa, ese contacto está sólo vedado entre personas de distinto sexo, no entre todo bicho viviente.

Parece una reacción exagerada, pero hasta cierto punto comprensible si, como señaló la americana Roiphe en un artículo de hace meses, se denuncia como agresión o acoso pedirle el teléfono a una mujer, sentarse un poco cerca de ella durante un trayecto en taxi, invitarla a almorzar, o apoyar un dedo o dos en su cintura mientras se les hace una foto a ambos. No es del todo raro que, ante tales naderías elevadas a la condición de “hostigamiento sexual” o “conducta impropia” o “machista”, haya individuos decididos a abstenerse de todo trato con el sexo opuesto, ya que uno nunca sabe si está en compañía de alguien razonable, o quisquilloso y con susceptibilidad extrema. El resultado de esta tendencia varonil, como señalaban los mencionados informes, es probablemente el más indeseado por las verdaderas feministas, y llevaría aparejado un nuevo tipo de discriminación sexual. Se dejaría de trabajar con mujeres, de asesorarlas y aun de contratarlas no por juzgarlas inferiores ni menos capacitadas, sino potencialmente problemáticas y dañinas para las propias carrera y empleo. Si continuara y se extendiera esta percepción, acabaríamos teniendo dos esferas paralelas que nunca se cruzarían, y, como he dicho antes, el islamismo nos habría contagiado y habría triunfado sin necesidad de más atentados: tan sólo imbuyéndonos la malsana creencia de que los hombres y las mujeres deben estar separados y, sobre todo, jamás rozarse. Ni siquiera codo con codo al atravesar una calle ni al ir sentados en un tren durante largas horas.

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“Tienes mucho tiempo”

 

 

«Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que solo estuvo el hombre»  Flaubert

 

El viejo

En el interior de un ruidoso café,
inclinado sobre la mesa, está sentado un viejo;
con un diario ante él, sin compañía.
Y en el desprecio de su miserable vejez,
piensa qué poco disfrutó de los años
en que tuvo vigor, elocuencia y hermosura.
Sabe que ha envejecido mucho; lo siente, lo ve.
Y, a pesar de todo, el tiempo en que fue joven parece
que fue ayer. ¡Qué distancia tan pequeña, qué distancia tan pequeña!

Y piensa ahora cómo se mofaba de él la Prudencia
y cómo creyó siempre -¡qué locura!-
a aquella embustera que decía: “Mañana. Tienes mucho tiempo.”

Recuerda impulsos que contuvo y cuánta
felicidad sacrificó. De su insensata sensatez
cada oportunidad perdida ahora se burla

… Pero de tanto pensar y recordar,
el viejo se marea. Y se adormece
apoyado sobre la mesa del café

Constantino Cavafis

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