Intentémoslo

Entre ce que je pense, ce que je veux dire, ce que je crois dire, ce que je dis, ce que vous voulez entendre, ce que vous entendez, ce que vous croyez comprendre, ce que vous voulez comprendre, et ce que vous comprenez, Il y a au moins dix possibilités (mais en réflexion pour la dizième…) de ne pas se comprendre. Mais, essayons quand même.

Nouvelle encyclopedie du savoir relatif et absolu, bernard werber, édition albin michel, 2009, p. 7 – nous, les dieux, 2004 –Bernard werber

Ed Sheeran – Love Yourself

Entre Lo que pienso Lo que quiero decir Lo que creo decir Lo que digo Lo que tú quieres oír Lo que crees oír Lo que oyes Lo que crees entender Lo que quieres entender y lo que entiendes Hay al menos 10 posibilidades (pero reflexionando hasta la décima…) de no enterdernos. Pero al menos intentémoslo.

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Avogado6

¿Por qué, algunas veces hacemos daño a las personas que queremos? ¿Por qué se producen arrebatos de ira? ¿Qué ocurre cuando una persona se comporta de manera cruel con otra?

Estas actitudes, que suelen ser cortas y ocurren de forma episódica, muestran la parte más vulnerable de las personas. Son una respuesta para separar al otro de uno mismo. una respuesta natural de autoprotección.

Una solución para romper este patrón de comportamiento es reforzar el amor propio y reconocer que las conductas negativas hacia las personas queridas cuando las consideramos odiosas son una manifestación del odio uno siente hacia sí mismo. Estos patrones de comportamiento se aprenden muy a menudo en el seno familiar y se transmiten generación tras generación.

Si una persona intenta no defenderse de sí mismo será posible mantener a los otros formando parte del propio entramado neurológico, lo que fortalecerá el sentido de ser digno de amor entre ambos. De este modo, todos se sentirán más seguros.

El hecho de no ser empático  con los seres queridos refleja la falta de amor propio. Comprender que ese odio hacia uno mismo es neurobiológico y que por eso hacemos daño, debe servir para darse cuenta y no continuar con ese ciclo de ira hacia el otro.

Así es posible entender que la reacción instintiva ante la amenaza es para contraatacar en defensa propia, lo cual desvirtúa el círculo vicioso de la ira y la desconfianza. Si uno se odia a sí mismo, tiene sentido que su respuesta empática hacia los que quiere falle. Por eso es tan importante construir el amor propio y la autoestima.

Eva Maria Rodríguez

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“El amor es un desafío constante”

Puede ser una imagen de una o varias personas y texto que dice "-Soy muy feliz desde que te fuiste al carajo!... -Pero Cortazar, no podemos publicar eso. -Esta bien, entonces poné: "Hay ausencias que representan un verdadero triunfo""
Comment te dire adieu. FranÇoise Hardy

Erich Fromm, a través de su libro “El arte de amar” nos dejó una gran fuente de inspiración para hacer una reflexión sobre el amor. Este autor fue capaz de considerar al amor como un arte, como un sentimiento que todos podemos tener el potencial de generar, pero que precisa de un cuidado para que se mantenga.

Las reflexiones de Erich Fromm acerca del amor son relativamente conocidas y de ellas nacen preguntas importantes, como: ¿qué significa amar?, ¿cómo se puede mantener este sentimiento?, ¿es el amor algo pasajero?

El estudio sobre el amor que hace este psicólogo y filósofo humanista destaca por su enorme madurez. Observando al amor como un arte, el cual es fruto de un aprendizaje previo. Entiende que es necesario cuidarlo y cultivarlo, para no interrumpir le proceso de aprendizaje en el amor.

“El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura, carpintería o el arte de la medicina o la ingeniería”

En esta reflexión el autor diferencia entre el amor maduro y el amor infantil. Habla del amor como necesidad y de la necesidad del otro como consecuencia del amor:

“El amor infantil sigue el principio: “Amo porque me aman”. El amor maduro obedece al principio: “Me aman porque amo”. El amor inmaduro dice: “Te amo porque te necesito”. El amor maduro dice: “Te necesito porque te amo”

Este principio cuestiona cómo nos relacionamos en nuestra sociedad y no duda en afirmar que lo hacemos más por necesidad que para compartir nuestro amor con otra persona. Piensa que compartir nuestros sentimientos requiere que estemos conectados con ellos, comprendiéndolos y cuidándolos. De tal forma que no nos quedemos buscando en el exterior las necesidades que no sabemos cubrir.

Cuando hacemos uso del amor y lo utilizamos para huir de nuestras incomodidades, estamos condenados a destruirlo. Si utilizamos este sentimiento como refugio de lo que no podemos soportar en nuestras vidas, estaremos huyendo de nosotros mismos.

“El amor como satisfacción sexual recíproca, y el amor como trabajo en equipo y como un refugio de la soledad, constituyen las dos formas normales de la desintegración del amor en la sociedad occidental contemporánea, de la patología del amor socialmente determinada”

Esta forma de amar se convierte en algo patológico, ya que supone no atender a nuestro desarrollo personal. Implica no escucharnos y esperar que los demás se responsabilicen de lo que nosotros no somos capaces y que en realidad se sitúa en nuestra parcela de responsabilidad. Si actuamos así estaremos dejando la felicidad en manos de alguien externo y de esta forma nos volveremos muy vulnerables.

Así surgen las proyecciones, viendo en los demás lo que no soportamos ver en nosotros. Es una forma infantil de no querer responsabilizarse de nuestra propia existencia, con lo que ello supone. Cuando convertimos el amor como una herramienta, como vía de escape para no encontrarnos con nosotros mismos, perdemos nuestra capacidad de amar y nuestra para relacionarnos.

Fromm consideraba amar un arte. El arte se cultiva, se crea, se mima; igual el amor. Si pensamos que el amor es encontrar esa persona que “encaje” con nosotros, sólo estaremos proyectando nuestras carencias en ella y esperando que nos hagan felices. El amor es todo lo contrario. El amor es dar y no esperar tanto recibir.

El amor es una energía excedente de la que disponemos gracias a tener cubiertas nuestras necesidades básicas. Erich Fromm entiende que esta energía hay que movilizarla, no basta con sentirla, sino que además hay que vivirla, y esto solo es posible hacerlo cuidándola y alimentándola.

Hay ciertas dificultades en una relación que son inevitables e, incluso, necesarias, ciertos obstáculos que provocan emociones negativas con las que tenemos que lidiar. Es bueno darles cabida a estas emociones que experimentamos y entender que las disrupciones surgen normalmente a partir de algo a lo que no atendemos. Las emociones son nuestro lenguaje más íntimo y personal, sirviéndonos además para relacionarnos de una forma más honesta.

“El amor es un desafío constante; no un lugar de reposo, sino un moverse, crecer, trabajar juntos; que haya armonía o conflicto, alegría o tristeza, es secundario con respecto al hecho fundamental de que dos seres se experimentan desde la esencia de su existencia, de que son el uno con el otro al ser uno consigo mismo y no al huir de sí mismos.”

Finalmente, de esta reflexión se extrae la importancia que tiene el hecho de que dos personas se relacionen desde su propia esencia, ya que solo a través de un conocimiento profundo entre ambos la pareja será capaz de construir una base sólida, sobre la que el propio amor pueda evolucionar. Piensa que es un error amar para huir de uno mismo, ya que así no es posible que haya un encuentro sano y recíproco.

Si amamos para huir de nosotros, un día nos daremos cuenta que nada auténtico sostiene nuestra relación, sólo llenar un vacío. Ese día nos sentiremos desdichados y tristes. Habremos caído en la cuenta que la relación ha sido una especie de farsa para entretenernos. Es por esto, que es tan importante primero saber estar con uno mismo y amarse de forma sana.

Rafa Aragón

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“Las tres palabras más extrañas”

Vicentico.Algo Contigo

Las tres palabras más extrañas

Cuando pronuncio la palabra Futuro, la primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio, lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada, creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.
Wislawa Szymborska

Visto en Cultura Inquieta

Nada ocurre dos veces

Nada ocurre dos veces
y nunca ocurrirá.
Nacimos sin experiencia,
moriremos sin rutina.

Aunque fuéramos los alumnos
más torpes en la escuela del mundo,
nunca más repetiremos
ningún verano o invierno.

Ningún día se repite,
no hay dos noches iguales,
dos besos que dieran lo mismo,
dos miradas en los mismos ojos.

Ayer alguien pronunciaba
tu nombre en mi presencia,
como si de repente cayera
una rosa por la ventana abierta.

Hoy, cuando estamos juntos,
vuelvo la cara hacia el muro.
¿Rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Es flor? ¿O tal vez piedra?

¿Y por qué tú, mala hora,
te enredas en un miedo inútil?
Eres, pues estás pasando,
pasarás —es bello esto.

Sonrientes, abrazados,
intentemos encontrarnos,
aunque seamos distintos
como dos gotas de agua.

Wislawa Szymborska ganó el Nobel de Literatura en 1996 por su “irónica precisión” al retratar la realidad humana.  nació en Polonia, en 1923, fue una poeta, ensayista y traductora polaca. “Cuando escribo siempre tengo la sensación de que alguien está detrás de mí haciendo muecas. Por eso huyo, todo lo que puedo, de las grandes palabra”, dijo, al recoger el premio de la Academia Sueca.

Su mirada, asertiva y libre de metáforas, la han situado en un sitio privilegiado en los corazones y en las pupilas de los que amamos la poesía.

Los rasgos de su obra es su facultad para desvelar lo insólito a través de los hechos y los fenómenos aparentemente más insignificantes y cotidianos. En realidad, su visión de la sociedad es pesimista y amarga, de modo que los individuos disponen tan sólo de la lucidez y la ironía para afrontar sus dolorosas relaciones con el medio que les determina.

Discurso de Wislawa Szymborska al recoger el Premio Nobel de Literatura de 1996

«Se dice que en un discurso lo más difícil es siempre la primera frase… Pues ya la dije… Pero presiento que las que siguen van a ser igualmente difíciles, la tercera, la sexta, la décima, hasta la última, ya que debo hablar sobre poesía. Muy raras veces me he expresado acerca de este tema, casi nunca, y siempre con la convicción de que no lo hago muy bien. Por eso mi discurso no va a ser demasiado largo. Toda imperfección resulta más fácil de aguantar si se sirve en pequeñas dosis.

El poeta contemporáneo es escéptico y desconfía incluso -o más bien principalmente- de sí mismo. Con desgano confiesa públicamente que es poeta -como si se tratara de algo vergonzoso. En estos tiempos bulliciosos es más fácil que admitamos los vicios propios, con tal de causar efectos fuertes; mucho más difícil es reconocer las virtudes, ya que están escondidas más profundamente, y hasta uno mismo no cree tanto en ellas. En las encuestas o en los encuentros con amigos ocasionales, cuando el poeta se ve forzado a definir su profesión, acude al término genérico «escritor» o al de alguna otra profesión que adicionalmente ejerza. El empleado público o los eventuales compañeros de viaje reciben con cierta perplejidad e inquietud la noticia de que están tratando con un poeta. Sospecho que los filósofos también producen semejante inquietud. No obstante, ellos se encuentran en mejor situación, ya que generalmente pueden adornar su profesión con algún grado académico. Profesor de Filosofía -ya suena mucho más serio.

No existen profesores de poesía, lo que haría suponer que esta actividad requiere de estudios especializados, exámenes presentados en fechas precisas, disertaciones teóricas rematadas con bibliografía y notas y, finalmente, los diplomas recibidos con solemnidad. Todo esto, a su vez, significaría que para graduarse de poeta no bastarían las hojas de papel, aun cuando estuvieran llenas de excelentes versos, sino que se necesitaría, sobre todo, un papel con sello y firma. Recordemos que justamente ésta fue la razón por la que condenaron al destierro a Josef Brodsky, orgullo de la poesía rusa, quien más tarde fue galardonado con el Premio Nobel. A Brodsky se le clasificó como «parásito», por no contar con un certificado oficial que le permitiera ser poeta… Hace un par de años tuve el honor y la alegría de conocerlo en persona. Me di cuenta de que solamente a él, entre todos los poetas que he conocido, le gustaba llamarse a sí mismo «poeta»; pronunciaba esta palabra sin conflictos internos y hasta con cierta desafiante desenvoltura. Pienso que se debía al recuerdo de las violentas humillaciones que sufrió en su juventud.

En países más dichosos, donde la dignidad humana no es transgredida tan fácilmente, los poetas, obviamente, quieren ser publicados, leídos y entendidos, pero ya no hacen nada o casi nada en su vida cotidiana para destacar entre la gente. Sin embargo, hace poco, en las primeras décadas de nuestro siglo, a los poetas les gustaba escandalizar con su ropa extravagante y con un comportamiento excéntrico. Aquellos no eran más que espectáculos para el público, ya que siempre tenía que llegar el momento en que el poeta cerraba la puerta, se quitaba toda esa parafernalia: capas y oropeles, y se detenía en el silencio, en espera de sí mismo frente a una hoja de papel en blanco, que en el fondo es lo único que importa.

Hay algo que resulta muy característico. Continuamente se filman películas biográficas sobre grandes científicos y artistas. La tarea de los directores más ambiciosos es mostrar en forma verosímil el proceso creativo que condujo a importantes descubrimientos científicos o a la creación de grandes obras de arte. Se puede, con aceptables resultados, mostrar el trabajo de algunos científicos: laboratorios, instrumentos diversos y aparatos puestos en marcha logran por unos momentos mantener la atención de los espectadores. Además, resultan muy dramáticas las escenas de suspenso, cuando un experimento repetido miles de veces logró dar finalmente, merced a una mínima modificación, con el resultado tan esperado. Espectaculares pueden ser las películas sobre pintores, ya que es posible reconstruir todas las fases de creación de un cuadro -desde la primera raya hasta la última pincelada. Las películas sobre los compositores se llenan con su música: desde los primeros compases, que el creador escucha en su interior, hasta la obra madura ya terminada y repartida entre varios instrumentos. Todo sigue siendo muy ingenuo y no dice nada sobre el extraño estado de ánimo que se conoce comúnmente como inspiración, pero por lo menos hay algo para ver y oír.

El peor de los casos es el de los poetas. Su trabajo resulta irremediablemente poco fotogénico. Uno permanece sentado a la mesa o acostado en un sofá, con la vista inmóvil, fija en un punto de la pared o en el techo; de vez en cuando escribe siete versos, de los cuales, después que transcurre un cuarto de hora, va a quitar uno y de nuevo pasa una hora en la que no ocurrirá nada_ ¿Qué clase de espectador podría soportar una cosa semejante?

He mencionado la inspiración. A la pregunta de qué cosa es, suponiendo que algo sea, los poetas contemporáneos responden de modo evasivo. Y no porque nunca hayan sentido los beneficios de este impulso interior, más bien se debe a otra causa: no es fácil explicar a los demás algo que ni siquiera se comprende bien.

Yo misma he evadido el asunto cuando me lo han preguntado. Y contesto lo siguiente: la inspiración no es privilegio exclusivo de los poetas ni de los artistas en general. Hay, hubo, habrá siempre un número de personas en quienes de vez en cuando se despierta la inspiración. A este grupo pertenecen los que escogen su trabajo y lo cumplen con amor e imaginación. Hay médicos así, hay maestros, hay también jardineros y centenares de oficios más. Su trabajo puede ser una aventura sin fin, a condición de que sepan encontrar en él nuevos desafíos cada vez. Sin importar los esfuerzos y fracasos, su inquietud no desfallece. De cada problema resuelto surge un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, cualquier cosa que sea, nace de un perpetuo «no lo sé».

La gente así es bastante escasa. La mayoría de los habitantes de esta tierra trabaja porque necesita conseguir los medios de subsistencia, trabaja porque no le queda de otra. No fueron ellos quienes por pasión escogieron su trabajo, son las circunstancias de la vida las que escogen por ellos. El trabajo mal querido, el trabajo que aburre, es respetado únicamente porque no resulta accesible para todos, y está situación constituye una de las más penosas desgracias humanas. No se vislumbra que los siglos venideros traigan un cambio feliz al respecto.

Así pues, tengo derecho a decir que aunque le estoy escamoteando a los poetas el monopolio de la inspiración, de cualquier manera los coloco en un grupo reducido de elegidos por la suerte.

En este punto pueden surgir ciertas dudas en los oyentes, si consideran que a los diversos verdugos, dictadores, fanáticos, demagogos que luchan por el poder con ayuda de un par de consignas gritadas en tono muy alto, también les gusta su trabajo y también lo llevan a cabo celosamente. Cierto, pero ellos sí «saben». Saben, y lo que saben una sola vez les basta para siempre. Ya no tienen curiosidad por saber más, puesto que podría debilitarse su fuerza de argumentación. De modo que cualquier tipo de saber del que no surgen preguntas muy pronto fenece, pierde la temperatura propicia para la vida. En casos extremos, como es bien conocido en la historia antigua y contemporánea, puede resultar mortalmente amenazador para las sociedades.

Por lo anterior, estimo altamente estas dos pequeñas palabras: «no sé». Pequeñas, pero dotadas de alas para el vuelo. Nos agrandan la vida hasta una dimensión que no cabe en nosotros mismos y hasta el tamaño en el que está suspendida nuestra Tierra diminuta. Si Isaac Newton no se hubiera dicho «no sé», las manzanas en su jardín podrían seguir cayendo como granizo, y él, en el mejor de los casos, solamente se inclinaría para recogerlas y comérselas. Si mi compatriota María Sklodowska-Curie no se hubiera dicho «no sé», probablemente se habría quedado como maestra de química en un colegio para señoritas de buena familia y en este trabajo, por otra parte muy decente, se le hubiera ido la vida. Pero siguió repitiéndose «no sé» y justo estas palabras la trajeron dos veces a Estocolmo, donde se otorgan los premios Nobel a personas de espíritu inquieto y en búsqueda constante.

También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente «no sé». Con cada verso intenta responder, pero en el momento en que pone el punto final, le asaltan las dudas y empieza a advertir que su respuesta es temporal y en ningún caso satisfactoria. Entonces prueba otra vez y otra vez, para que a las sucesivas muestras de su insatisfacción consigo mismo los historiadores de la literatura las sujeten con un clip enorme para denominarlas «La Obra».

A veces fantaseo con situaciones inverosímiles. Me imagino, por ejemplo, en mi osadía, que tengo la oportunidad platicar con Eclesiastés, autor de un lamento estremecedor sobre la vanidad de todas las empresas humanas. Me habría inclinado muy hondamente ante él, ya que es -por lo menos para mí- uno de los poetas más importantes. Pero luego lo habría cogido de la mano: «Nada hay nuevo bajo el sol», has escrito, Eclesiastés. Sin embargo, Tú mismo has nacido nuevo bajo el sol. Y el poema que has creado también es nuevo bajo el sol, ya que antes de Ti nadie lo había escrito. Y nuevos bajo el sol son tus lectores, puesto que los que vivieron antes que Tú no te podían leer. Y el ciprés, en cuya sombra te sentaste, no crece aquí desde el principio del mundo. Le dio origen otro ciprés, semejante al tuyo, pero no en todo igual. Y además te quisiera preguntar, Eclesiastés, ¿qué desearías escribir, ahora, de nuevo bajo el sol? ¿Algo con qué completar tus ideas, o tal vez tienes la tentación de negar algunas de ellas? En tu poema anterior concebiste también la alegría, y ¿qué hay del hecho de que resulte ser tan pasajera? ¿Tal vez sobre ella va a tratar tu nuevo poema bajo el sol? ¿Tienes ya algunos apuntes o primeros esbozos? Pues no dirás «ya he escrito todo, no tengo nada que añadir». Esto no lo puede decir ningún poeta, y mucho menos uno tan grande como Tú.

El mundo, a pesar de cualquier cosa que podamos pensar sobre él, espantados por su inmensidad y nuestra impotencia ante él, amargados por su indiferencia frente a los sufrimientos particulares de la gente, de los animales y tal vez de las plantas -ya que ¿de dónde proviene la certeza de que las plantas están libres de sufrimientos?-; a pesar de cualquier cosa que pensemos sobre sus espacios atravesados por la radiación de las estrellas, alrededor de las cuales se empieza a descubrir algunos planetas -¿ya muertos?, ¿todavía muertos?, no se sabe-; a pesar de cualquier cosa que pensáramos sobre este teatro inmenso, para el cual tenemos un billete de entrada pero su vigencia es ridículamente corta, limitada por dos fechas decisivas; a pesar de no sé qué cosa más que pudiéramos pensar sobre este mundo: es asombroso.

Pero en la expresión «asombroso» se esconde una trampa lógica. Nos causa asombro lo que sobresale de la norma conocida y comúnmente aceptada, de una obviedad a la cual estamos acostumbrados. Pues bien, un mundo así, obvio, no existe. Nuestro asombro es autónomo y no procede de ninguna comparación de ningún tipo.

De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como «la vida común», «los acontecimientos comunes»… Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.

Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo».

Traducción: Krystyna Libura y Arturo Viveros.

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“El Significado Real de las cosas”

 “Así que yo andaba con muy mala música en el alma” Eduardo Galeano

Escena de la película El Profesor: ¿Con o sin emociones? ¿Con o sin afecto?
Haciendo reflexionar a sus alumnos. El profesor 

““Nada es menos real que el realismo. Los detalles son confusos. Sólo mediante la selección, la eliminación, el énfasis, llegamos al significado real de las cosas”.
Georgia O’Keeffe

“Cuando llegué a Nuevo México: encontré lo mío. En cuanto lo vi: ese era mi país. Nunca antes había visto algo así, pero encajaba perfectamente conmigo.” comenzó a pasar largas temporadas en Nuevo México en 1929. En 1949, se mudó allá de manera permanente. O’Keeffe pintó esta vista que cruza el Valle del Río

Georgia O’Keeffe no pertenece a ningun movimiento de vanguardia en particular, pero es considerada la gran pintora del modernismo en los Estados Unidos.

La obra de O’Keeffe se destaca por sus planos detalle (se llama así al encuadre sobre una parte muy concreta de un objeto, todo lo contrario a un plano general) de flores, formas arquitectónicas, huesos de animales y las formaciones naturales que uno encuentra en el paisaje de Nuevo México.

¿De dónde surge esta inquietud de la pintora? Su gran influencia viene del mundo de la fotografía. Su pareja y gran amor de su vida es el fotógrafo Alfred Stieglitz, y a través de éste conoce a Paul Strand. Strand es el fotógrafo que convierte lo real en abstracción, “recortando” planos detalle de objetos, encuadres tan puntuales que hacen que la imagen no se reconozca como parte de tal o cual objeto, quedando como una composición abstracta pura.

También es muy influenciada por la pintura abstracta de Arthur Dove, quien también es amigo de Sieglitz y que será considerado el primer pintor en hacer abstracción pura en los Estados Unidos.

Algo curioso sobre la repercusión de esta valiosa manera de hacer arte de Georgia O’Keeffe y su lección sobre la mirada: lo primero que llama la atención de su obra es que esos planos detalle de flores parecen sexos femeninos. Algo que, para la decepción de muchos, la artista terminará negando: su intención no es que el espectador vea símbolos del sexo femenino sino que vea las verdaderas flores por primera vez.

Georgia O’Keeffe trabaja a partir de un detalle, y a ese detalle lo lleva a una gran escala. Una manera novedosa de hacer abstracción. Y, en definitiva, una manera novedosa de alcanzar uno de los logros más buscados en el arte: poder ver las cosas desde otro punto de vista. Ver las cosas como si fuera por primera vez.

Georgia O'Keeffe

imagen: Lirio blanco nº7 (1957).

Los primeros planos y detalles de flores que pintaba Georgia O’Keeffe en grandes formatos, fueron muy elogiados en su momento al ser interpretados como símbolos del sexo femenino. Tal es así que las feministas consideraron a la artista una referente. Lo curioso es que la verdadera intención de O’Keeffe (ella lo confesaría humildemente), fue ampliar la escala para que, al ser el objeto presentado creativamente, el espectador lo “observara por primera vez”, lo volviera a admirar. Uno de los fines más simples y maravillosos del arte en general.

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“Acuérdate de tus amores”

Las ilustraciones sencillas y profundas de Gabriel Sancho - Cultura Inquieta
Puente Togetsukyo, en Arashiyama 2019
EDITH PIAF- Padam… padam…

Este aire que me obsesiona día y noche
Este aire no ha nacido hoy
viene de tan lejos, como yo vengo
Arrastrado por cientos de miles de músicos

Un día ,este aire me volverá loca
Cien veces he querido explicar por qué
Pero me cortó la palabra
siempre habla antes que yo
y su voz cubre mis palabras

Padam, Padam, Padam
el viene corriendo detrás de mí
Padam, Padam, Padam
me engaña para que me acuerde de ti
Padam, Padam, Padam

es un aire que me señala con el dedo
Y me arrastra en pos de mi como un extraño error
ese aire que sabe todo de memoria

Dice: “Acuérdate de tus amores
Recuerda, ya que es tu turno
“No hay ninguna razón para que tu no llores
con tus recuerdos sobre los brazos”

Y me acuerdo de los que se quedan
Mis veinte años hacen tocar el tambor
Veo golpearse los gestos
toda la comedia de amores
sobre este aire que siempre va

Padam, Padam, Padam
los “Te amo” del catorce de julio
Padam, Padam, Padam
los “siempre” que se compran con un descuento

Padam, Padam, Padam
los “¿Quieres tu?” que aquí están por paquetes
Y todo para caer justo en la esquina de la calle
sobre el aire que me ha reconocido

Escuché el jaleo que me convierte
Como si todo mi pasado desfilase
hay que guardar el dolor para después
Tengo todo un solfeo en el aire que golpea
que late como un corazón de madera

Soy esa mujer que ya no necesita demostrar nada a nadie. Hace tiempo que me cansé de complacer, de dar explicaciones a oídos sordos, de mover montañas por quien ni tan solo me cedía su respeto. Estoy en esa etapa de la vida en que para ofenderme, debes importarme, en que ya no doy explicaciones a quien tiene tapados los oídos y el corazón. Soy esa mujer sin máscaras que ya no necesita demostrar nada a nadie.

El amor debe “validarse” a diario, no hay duda, pero en ocasiones, caemos en situaciones donde el cariño se convierte casi en una extorsión. Obviamente, puede ocurrir para ambos géneros por igual, pero es más común que sea la mujer la que está obligada a demostrar que es capaz de hacerlo todo por el cónyuge, de dejar a un lado sus necesidades y deseos por cumplir las expectativas ajenas.

Hemos de ser buenas hijas con nuestros padres, con nuestra familia, aunque esta nos haya fallado un día sí y otro también Hemos complacido durante mucho tiempo  y dibujado muchas sonrisas cuando lo que sentíamos era desesperación.

A pesar de todo, siempre llega un día en que más que abrir los ojos, encendemos por fin esa luz interna que conecta directamente con nuestras emociones para decir “basta”. Es entonces cuando nos damos cuenta de que la única persona a la que hemos de demostrar algo, no es a los demás, sino a nosotros mismos. Porque cuando somos capaces de conectar con nuestras necesidades, el mundo empieza a girar al son de otra música más relajante, más hermosa.

Ya no seré esa niña con la mirada cuajada de sueños que dibujaba sus iniciales en el firmamento. Ni esa adolescente que ansiaba un amor romántico donde darlo todo a cambio de nada. O esa joven que confunde ser feliz con hacer felices a los demás.

Necesitamos armonía. Si nos vemos cada día en la obligación de demostrar ciertas cosas para ser “validadas” como personas es que algo no va bien.

La eterna necesidad de demostrar algo que no somos o de buscar la complacencia ajena, es poco más que una forma de lenta tortura que puede no terminar nunca.  No negocies tu integridad a costa de la pérdida de felicidad.

Parte de un artículo de Valeria Sabater

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Tu Que pasas Sin Verme

“Je Veux Savoir si je puis vivre avec ce que je sais et avec cela seulement”. Albert Camus “Quiero saber si puedo vivir con lo que sé y solamente con eso”

Vous qui passez sans me voir. Jean Sablon

FLAT es un proyecto editorial independiente que plasma y explora, desde el punto de vista periodístico, ámbitos que nos interesan: la arquitectura, el diseño y el arte.

Dos días antes del estado de alarma llegó a las librerías la tercera edición de «Mies» (Grafito Editorial), la magnífica novela gráfica de Agustín Ferrer Casas sobre la vida y obra de uno de los arquitectos más importantes del siglo XX, donde se muestra el lado más humano del ídolo en un recorrido nada edulcorado.

Como casi todo lo que no es pandemia, el libro, aunque se ha seguido leyendo y mucho, se quedó en una especie de limbo, como tantas cosas buenas de nuestra ‘antigua normalidad’, lo que no le impidió ser galardonado como Mejor Álbum en la última edición del Festival Splash de Cómic (premio compartido con el tebeo «Ocultos», de Laura Pérez).

Ferrer Casas articula el hilo de este monumental trabajo en el transcurso de un vuelo a Berlín Occidental para acudir a la colocación de la primera piedra de la Nueva Galería Nacional, en 1965, mientras el famoso arquitecto, que es a la vez el narrador, hace balance de su azarosa vida en una charla con su nieto, el también arquitecto Dirk Lohan.

En este repaso desfila gran parte del convulso siglo pasado, con los lugares y las personas que estuvieron cerca de Mies Van Der Rohe, ilustrado por las acuarelas de Agustín Ferrer Casas, que recrean edificios, monumentos, diseños y ambientes que nos trasladan mágicamente a esa época y dan como resultado una exquisita novela gráfica.

¿Por qué Mies y no Le Corbusier o F. Lloyd Wrigth? ¿Era el que más te gustaba de los tres?

Realmente sí. A Mies le tenía más aprecio que a los otros dos. Conocía su obra –que consideraba muy similar a mi estilo de dibujo- y los puntos más discutibles de su historia personal.

Por el contrario no tenía muy claro qué proporción de verdad rodeaba a la figura de Wright, un personaje pagado de sí mismo que se esforzó mucho en construir su vida, moldeándola a su antojo en sendas autobiografías propias, hasta no saber ni si quiera cuando nació. Aunque el norteamericano sigue teniendo un potencial tremendo por ese recorrido vital que rodeó su imponente y variada obra.

Y por último, aunque como arquitecto era tremendo y brutal como sus edificios, Le Corbusier me producía un rechazo crónico como persona. Alguien tan prepotente, misógino y antisemita me hubiese predispuesto a escribir un cómic en su contra.

Por suerte para los seguidores del “Corbu” existen hasta la fecha un buen número de cómics editados al otro lado de los Pirineos sobre este arquitecto suizo, más o menos biográficos y centrados en su obra o con la sombra de LC sobrevolando la trama.

Por tanto sólo me quedaba centrarme en Mies van der Rohe como protagonista de mi novela gráfica, algo que decidí desde el primer momento, sin pensarlo dos veces. Porque aunque su arquitectura ya sea un clásico del Movimiento Moderno, con proyectos de vanguardia en los años veinte del siglo pasado y edificios míticos en su etapa norteamericana, lo que más me interesaba era plasmar su biografía personal, con sus luces y sus sombras. Esa vida regida por su máxima más famosa, “menos es más”, y que sin duda se reflejó en sus diseños.

En tu investigación durante la fase de documentación para el libro encontraste un texto de Anatxu Zabalbeascoa (El País) que te sirvió para hilar la historia que querías contar…

Cierto. Partí un poco a ciegas cuando comencé a trabajar en la historia, allá por 2015, sabiendo qué quería contar, pero tenía muchas lagunas que quería resolver antes de avanzar más en su desarrollo. Durante los años de carrera –estudié hasta cuarto curso de Arquitectura para acabar siendo arquitecto técnico- había oído muchas cosas sobre Mies –el anecdotario básico- y quería confirmarlo, completarlo e incluso, si se me permite la osadía, enriquecerlo para dotarlo de cercanía al lector.

Por ello atesoré un buen número de obras y biografías relacionadas con Mies. Y en esta búsqueda encontré el artículo de la periodista e historiadora del arte Anatxu Zabalbeascoa de 2014. En él estaba sintetizado todo lo que necesitaba saber sobre el alemán y que me marcaban el camino a seguir: los puntos clave del recorrido vital en paralelo a su actividad como arquitecto. Y, sobre todo, comprobar que no era la única persona que compartía el punto de vista crítico sobre el comportamiento de Mies en muchos momentos de su vida. Momentos francamente reprochables, aunque puede que nosotros hubiésemos actuado de igual manera en circunstancias tan complejas.

En tu libro hay un ánimo divulgativo claro pero sin caer en la pedantería arquitectónica, al fin y al cabo la arquitectura es la excusa, pero el protagonista es Mies. El cómic encaja muy bien para contar este tipo de historias y llegar a más gente, ¿no?

Pero a su vez era un tiro al aire. Sabía que este cómic tendría predicamento entre el sector de la arquitectura, aunque no tenía muy claro si también contaría con su aprobación y beneplácito por haber osado tocar la figura de Mies.

Lo que no sabía era cómo se lo tomaría el lector común, el lector habitual de novela gráfica, cómic o tebeos (los tres términos son equivalentes). Un título en el que el eje de la historia fuese un arquitecto. Supongo, más que nada, por el descrédito que sufre la profesión por la fama de conocidos arquitectos estrella y su mala praxis que dejan como legado obras faraónicas que doblan su presupuesto. Además la arquitectura moderna carga con el sambenito de la incomprensión frente al clasicismo, algo inexplicable puesto que “la arquitectura es siempre la voluntad de la época traducida al espacio”, en palabras del propio Mies van der Rohe.

Por suerte, así como la mayor parte de los arquitectos se tomaron a bien este libro, los lectores habituales de cómics también lo han aceptado como tal. Creo que es por contar diversos momentos históricos de interés durante los que se desarrolla el cómic. También podía haber hecho una especie de catálogo cronológico de las obras de Mies, cosa que hubiese funcionado entre los amantes de la arquitectura. Pero yo quería que la arquitectura sólo fuese el telón de fondo de la historia para darle voz a la parte humana del personaje principal. Centrándome en Mies y sus actos también podría deducirse el por qué de su arquitectura, las claves de los diseños que lo hicieron un clásico moderno.

Desde la difusión en redes sociales de las primeras imágenes del cómic supe del entusiasmo de algunos arquitectos por un título así en un formato como este. No era algo usual en este país aventurarse en la creación de una novela gráfica sobre un arquitecto y menos sobre la figura de un tótem como Mies.

Tú tienes un pasado de arquitecto y tu cómic resulta muy “miesiano”, por la disposición de su composición, con un orden y unas proporciones que recuerdan la estética del arquitecto, sin estridencias… ¿Crees que tu formación como arquitecto hace que te acerques a la figura de Mies más preparado para contarlo mejor?

Sin duda algo habrá influido. Siempre he tratado de seguir cierto orden en la composición de cada página, tanto en la forma y disposición de las viñetas como en su contenido. Aunque en este cómic, para recrear los momentos en los que Mies hace memoria y los recuerdos se mezclan, he usado en páginas dobles viñetas abiertas delimitadas por los cuadros de los diálogos y unas pocas viñetas cerradas que permiten las transiciones entre escenas.

También es cierto que el tener algo de conocimiento sobre el tema arquitectónico ha facilitado el hecho de representar sus edificios y la arquitectura circundante. Tampoco es que haya inventado nada, pero el punto de vista aprendido durante la carrera y la posterior etapa profesional seguramente da un barniz distinto al dibujo arquitectónico y la composición de página.

Y creo haber profundizado en la esencia del Mies que aparece en el libro, con sus virtudes y sus defectos. Puede ser un Mies ficticio, reinterpretado, que se basa en lo escrito negro sobre blanco en biografías más o menos críticas sobre el Mies real. Pero he querido ponerme en su piel, valorar sus ambiciones y deseos, sus grandezas y miedos, destacar el lado más humano del ídolo.

¿Cómo ha funcionado el cómic en Alemania?

Al ser Mies van der Rohe alemán la mitad del camino ya estaba hecho. Es como el caso del cómic “Dublineses” de Alfonso Zapico, sobre James Joyce, que es el libro más vendido en el aeropuerto de Dublín.

En el caso de “Mies” en Alemania y Austria se han superado todas las expectativas con una cuarta edición y más de 10.000 ejemplares vendidos. Puede parecer una cifra irrisoria para un libro, pero un cómic no suele superar los 1.000 ejemplares, tanto en Alemania como en España…

Y no podía obviar los comienzos de Mies en Alemania, como arquitecto que parecía destinado a ser el preferido por la burguesía, hasta pasar a ser máximo representante de la vanguardia arquitectónica e incluso ser último director de la Bauhaus –hecho que cobra gran fuerza en el libro-. Este último periodo acaba cuando Mies siente, pese a todos sus esfuerzos por trabajar, que no tiene cabida en la Alemania nazi previa a la 2ª Guerra Mundial. Se resarce de esta injusticia levantando la Nueva Galería Nacional en Berlín años más tarde, hilo conductor de la historia porque esta se cuenta mientras Mies viaja con su nieto Dirk Lohan para acudir a la ceremonia de colocación de la primera piedra.

Justicia poética

Mies tuvo una obra magnífica, la mejor quizá del siglo XX, pero una vida “poco edificante”. Que aparezcan en tu libro todas las mujeres que pasaron por su vida es una especie de acto de justicia poética hacia ellas (Lilly Reich, su esposa Ada, Lora Marx, Edith Farnsworth). Mies no las trató bien y queda muy patente en el libro.

Eso pretendía. Quería hacer justicia, dar voz esas personas que a mi entender sufrieron las consecuencias de permanecer junto a Mies mientras él, egoístamente, sólo estaba interesado en construir. Por un motivo u otro, quienes lo acompañaron obtuvieron infidelidades, abandono, olvido profesional, alcoholismo, decepciones, e incluso juicios e inundaciones. Suelo decir que Mies era un gran amante de la filosofía, pero practicaba poco la ética.

Últimamente se ha reivindicado la figura de Lilly Reich, socia y amante de Mies desde mediados de los años veinte hasta que éste abandonó Alemania –y a ella- rumbo a los Estados Unidos. Y es que Reich puede considerarse como coautora del diseño de mobiliario más conocido de Mies van der Rohe –por no decir que fue su verdadera autora-. Fue parte fundamental en el diseño del Pabellón de Alemania de la Exposición Universal de Barcelona de 1929 y en el de la casa Tugendhat en Brno –donde diseñaron desde los tiradores hasta la lavadora-. Y prueba del poco papel representado en el diseño de muebles de Mies en el tándem formado con Reich es que desde que se separó de ella no volvió a crear más que un banco corrido en la capilla del campus del IIT de Chicago y un par de encimeras para su apartamento, ambos diseños muy similares por su forma en vuelo.

Así que sirva este libro como pequeño homenaje a todas esas mujeres que se han visto desplazadas por hombres como Mies, y no sólo en el aspecto arquitectónico y creativo, sino en todas las facetas de la vida.

Foster en el prólogo, no está mal …

Su presencia se la debo a Anatxu Zabalbeascoa, que también interviene al final del libro con un magnífico epílogo. Foster accedió a escribir unas palabras una vez visto el cómic, contando su visita al despacho de Mies cuando estudiaba en Yale, aunque no llegó a ver al maestro pero sí a admirar el proceso de creación del edificio Seagram de Nueva York a través de numerosas maquetas.

Que en este libro coincidan Mies van der Rohe y Norman Foster tiene mucho que ver con aquella afirmación del primero, mencionada antes, en la que decía que “la arquitectura es siempre la voluntad de la época traducida al espacio”. Cuando Foster obtuvo el Pritzker en 1999, un miembro del jurado calificó al premiado como “un clásico en el más genuino sentido del término, porque los edificios que construye son expresión de su tiempo”.

Mies: el lado más humano del ídolo © FLAT Magazine 2021 por Clara Sáez

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“Algo me dice que debo irme a casa”

Noviembre Kioto 2019

A los diez años creía
que la tierra era de los adultos.
Podían hacer el amor, fumar, beber a su antojo,
ir adonde quisieran.
Sobre todo, aplastarnos con su poder indomable.

Ahora sé por larga experiencia el lugar común:
en realidad no hay adultos,
sólo niños envejecidos.

Quieren lo que no tienen:
el juguete del otro.
Sienten miedo de todo.
Obedecen siempre a alguien.
No disponen de su existencia.
Lloran por cualquier cosa.

Pero no son valientes como lo fueron a los diez años:
lo hacen de noche y en silencio y a solas.

Niños y adultos, de José Emilio Pacheco y pertenece a su libro La arena errante.

Massachusetts

Siento que voy a volver a …
Algo me dice que debo irme a casa
Y todas las luces se apagaron en …
El día que la dejé allí sola

Trató de coger el camino a San Francisco
Tengo que hacer las cosas que quiero hacer
Y todas las luces se apagaron en …
Y me hicieron ver de nuevo el camino hacia tí

Hablar de la vida en …
Habla sobre las personas que he visto
Y todas las luces se apagaron en …
Y… es un lugar que he visto

Recordaré …


“Sin música la vida sería un error”. Friedrich Nietzsche

Elvis Presley Trouble

Según un estudio muy reciente aparecido hace tan sólo unos meses en el Reino Unido llevado a cabo por el catedrático de psicología británico Adrian North de la Universidad británica de Heriot Watt y en el que han participado más de 36.000 personas de todo el mundo los gustos musicales y la personalidad están intímamente relacionados.

Según North los investigadores de décadas pasadas han mostrado al rock y al rap como rebeldes y a los aficionados a la ópera como prósperos y bien educados pero “ésta es la primera vez que un estudio muestra vínculos entre la personalidad y el gusto por un amplio abanico de estilos musicales”.

Según este interesante estudio en el que han entrado hasta 104 estilos musicales diferentes, los amantes del jazz y de la música clásica gozan de una buena autoestima  y son personas muy creativas pero los jazzeros son sociables mientras que los clásicos son introvertidos; los amantes del pop son trabajadores…

Los aficionados al country trabajan duro y son tímidos; los amantes del rap extrovertidos y los indies carecen de autoestima y son huraños; los amantes de soul han salido mejor parados en este estudio: son extrovertidos, creativos, dulces, están contentos consigo mismos y tienen una buena autoestima.

Según este estudio los aficionados al heavy metal son tiernos y tranquilos aunque no muy trabajadores (¡ojo lo que dice el estudio) y tienen una baja autoestima.

Por otro lado uno de los hallazgos más interesantes  de este estudio para Adrian North son las similitudes entre los amantes de la música clásica y los fans del heavy por extraño que pueda parecer… y es que ambos grupos son personas tranquilas, introvertidas y creativas.

North también da una explicación para aquellas personas que llevan la música en el coches: si la música es machacona y está alta es que tienen ingresos más elevados mientras que si escuchan música relajante suelen percibir sueldos más bajos

“La gente tiene el estereotipo de que los aficionados al ‘heavy metal’ son gente deprimida hasta el suicidio y un peligro para ellos mismos y la sociedad. Pero son gente bastante delicada”

Hay muchos estereotipos en torno a los fans del heavy metal, el rock, el punk etc. sobretodo entre las personas más mayores… sus gustos musicales y su look despiertan en muchos desconfianza, recelo y otro tipo de creencias como el hecho de que son personas duras, rudas, de pocos sentimientos… los más jóvenes no pensamos lo mismocon todo respeto a nuestros mayores y un estudio reciente avala nuestra creencia por ejemplo de que… “los heavys” son muy tiernos y sensibles… ¡o así los vemos muchas chicas!

Lo cierto es que estemos más o menos de acuerdo con ciertas afirmaciones del profesor North como el bien afirmaLa gente a menudo define su sentido de la identidad a través de su gusto musical, sus prendas de vestir, la elecciones determinados bares para salir o el empleo de ciertas palabras del argot”  “No es raro pensar que la personalidad pueda estar vinculada a las preferencias musicales”… Y tú ¿Qué piensas?

En cualquier caso si quieres participar como voluntario en el estudio de North puedes hacerlo a través de http://www.peopleintomusic.com ¡igual contigo cambian las conclusiones!

Sofia Alcausa Hidalgo

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Mantener o Dejar Ir

Premio Pulitzer fotografía 2016

En mi infancia estaba convencido de que todo lo que en la tierra se perdía iba a parar a la luna, sin embargo los astronautas no han encontrado sueños peligrosos ni promesas traicionadas, ni esperanzas rotas. Si no están en la luna, dónde están? será que en la tierra no se perdieron? será que en la tierra se escondieron? y están esperándonos? Eduardo Galeano

Matt Simons – Catch & Release

Ganar, perder, reír, llorar, abrazar con emoción, cerrar los ojos en soledad… La vida es un ciclo que no tiene fin, que fluye, corre y que se nos escapa de las manos por mucho que deseemos retenerla. Como la juventud, como ese amor eterno que una vez nos vendieron y que siempre tuvo en realidad, fecha de caducidad

La vida es un duro equilibrio entre mantener y dejar ir, una ley que nadie nos enseñó y para la que no nos han preparado, y que sin embargo, vamos aprendiendo con el tiempo calladamente.

Ya desde niños somos protagonistas de esos acontecimientos que nos marcarán para siempre, aprendemos, por ejemplo, que existen diferentes tipos de pérdidas. Recordarás sin duda a aquellos amigos que se fueron a vivir a otras ciudades y que nunca volviste a ver, y también, que la muerte de algunos de tus familiares o incluso tus mascotas. La vida teje su propio equilibrio de ganancias y pérdidas, hilando distancias que nunca alcanzaremos, pérdidas que habremos de asumir en un aprendizaje personal, el más solitario de todos.

El dolor de la pérdida es en realidad, el valor y todo el amor actual que dirigimos a aquello que nos envuelve. Nadie llora por ejemplo, por algo que no ama, nadie siente el vacío de algo que antes no ha tenido en su interior. Así pues, en este equilibrio vital que establece la vida, es necesario que sepamos reconocer  primero todo aquello que es valioso para nosotros.

Todos nosotros “dejamos ir” pequeñas cosas cada día. No obstante, las más grandes son siempre las más dolorosas. ¿Cómo dejar ir de nuestra mente y nuestro corazón a esa persona que antes llenaba todo nuestro universo?

Hay vacíos que duelen y enferman, huecos en los que nos podemos perder si no somos capaces de desprendernos de eso que causa más dolor que beneficio. No te aferres a algo que te causa dolor y que no funciona. No tires de lo que no cede… Déjalo ir, la vida seguirá fluyendo y te traerá más opciones. Más oportunidades.

Parte de un artículo de Valeria Sabater

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Afortunadamente Se Me Pasa

Barriles de Sake. Foto 26 noviembre 2019 Japón

Hay quienes llevan a cabo la vida más hábilmente.
Tienen orden en su interior y en su alrededor.
Para todo, la manera y la respuesta adecuada
.

Adivinan inmediatamente quién, a quién, quién con quién,
con qué objetivo, por donde.

Ponen el sello en la verdades absolutas,
arrojan a la trituradora los hechos innecesarios,
y a las personas desconocidas
a las carpetas destinadas a ellas de antemano.

Piensan justo lo debido
ni un segundo más,
porque tras ese segundo acecha la duda.

Y cuando los dan de baja de la existencia,
dejan su puesto por la puerta señalada.

A veces los envidio;
afortunadamente se me pasa.

«Hay quienes» wislawa szymborska

Encuentro entre Joaquin Sabina, Juan Manuel Serrat y Eduardo Galeano Parte del documental «El Símbolo y El Cuate», publicado en 2013.

Eduardo Galeano…en casa de un amigo en Barcelona, que estaba exiliado como yo, me encargó a la hijita, que tendría uno ocho o nueve años. Y me miró sin pestañar, se acercó y me preguntó:

¿Y vos qué hacés?
—Escribo— le dije.
—¿Y vos escribís qué? ¿Qué cosas escribís?
—No, nada. No sé, como libros.

A mí no me gustan los libros.
—Ah, bueno— le dije yo.

A mí lo que me gustan son las canciones. Porque en los libros las palabras están quietas, pero en las canciones vuelan»

¿Hay mayor acto de amor que decirle a alguien “esta canción me recuerda a ti”?

El amor puede adoptar muchas formas; hay amor fraternal, amor amistoso, amor de pareja, amor familiar, amor maternal, autoamor o amor por tu gato, y si hay algo que active la memoria sensorial afectiva que tiene línea directa con el alma, eso son las canciones.

La música es un catalizador de emociones absoluto y es por eso que nos resulta inevitable relacionar canciones a aquellos que amamos o seguimos amando.

Ese momento en el que nos descubren una canción que nos da un vuelco al corazón, solo puede superarlo el momento en el que somos nosotros los que hacemos que alguien tiemble escuchando por primera vez unas notas o un estribillo épico.

Y es que el amor y la música, el amor por la música, viven en una constante relación simbiótica que produce sentimientos y emociones inexplicables que no pueden expresarse con palabras porque en ese momento hablamos con la piel.

Si os lanzamos la pregunta ‘¿qué canción te recuerda a ese alguien especial?’, estamos seguros de que vuestras cabezas viajan hasta un día de campo, un festival, un momento íntimo o un mensaje telefónico que llegó en el momento justo.

Y ahora queremos cerrar el contenido con otra pregunta, ¿Qué canción os recuerda a él o a ella?

Por Luiki Alonso

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“Y Sé Muy Bien”

Columpio. DMB

Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle
en el murmullo que brota de la noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia los completos en los subtes
ni en los libros prestados,
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás,
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré
amor mío
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.
Y sé muy bien que no estarás
ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo,
ni allí afuera
en ese río de calles y de puentes.
No estarás para nada,
no serás mi recuerdo
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente trata de acordarse de ti. Julio Cortazar

Solomon Burke. Cry to Me

 ¡Algunos edificios parisinos son falsos!

Increíble pero cierto, algunas fachadas de edificios parisinos son ficticias y los transeúntes lo desconocen por completo. Aquí está la historia de estos edificios engañosos

Fondo

Como seguramente habrá notado, en París la unidad arquitectónica es muy importante: esto es lo que quería el famoso barón Haussmann cuando reconstruyó París bajo el Segundo Imperio. Estableció una estricta normativa sobre la construcción de los edificios que hoy llevan su nombre y son tan emblemáticos de la capital.

Edificios haussmannianos parís
Edificios de Haussmann en París

Para los más curiosos que deseen ver los otros edificios falsos en París, aquí está la lista completa:
– 44 rue d’Aboukir, 2 ° distrito
– 53 rue des Archives, 3 ° distrito
– 29 rue Quincampoix, 4 ° distrito
– 27 rue Bergère, 9 ° arrondissement
– 3 rue de l’Aqueduc, 10 ° arrondissement
– 174 rue du Faubourg Saint-Denis, 10 ° arrondissement
– 54 rue des Petites-Ecuries, 10 ° arrondissement
– 141 boulevard Diderot, 12 ° arrondissement
– 78 rue de la Condamine, 17 ° distrito
– 14 rue Duvergier, 19 ° distrito

edificio ficticio rue lafayette
Edificio ficticio en 145 rue Lafayette (distrito 10 de París) © Google Street View
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