reyes

«Mientras puedas reír, aunque tengas mil razones para desesperarte, debes continuar. Reír es la única excusa de la vida, ¡la gran excusa de la vida! Y debo decir que incluso en los momentos de profunda depresión he tenido fuerzas para reír». Emil Cioran

Foto tomada en Kyoto. Noviembre 2019

 

Senza fine Gino Paoli Sin fin
Sin fin
Soñar
Para poder recordar
Lo que ya hemos vivido
Sin fin
Eres un momento sin fin
no tienes ayer
no tienes mañana
todo es ahora

CARTA A LOS REYES MAGOS

Para un niño, escribir una carta a los reyes magos, fue durante cierto tiempo, la ilusionante emoción de sentir la existencia de alguien a quien pedir, que, con toda seguridad, iba a atender sus peticiones, aunque casi nunca sus deseos concretos, pues fácilmente se podía solicitar una cosa y recibir otra distinta. La buena mezcla de magia y realismo, recibiendo así también, una de las primeras y grandes lecciones en la vida: cuando uno cree alcanzar una meta, casi nunca se llega exactamente al lugar pretendido, o no es como creíamos. Siendo la mayoría de las veces una suerte. Siempre hay que hacer de la necesidad virtud. Para un adulto, escribir una carta a los reyes magos es una petición a uno mismo, un reto, una exigencia. Los reyes, como es sabido, son los padres y llega un momento en que el único padre que queda eres tú. Y no es nada fácil pedir ¿No tendría sentido demandar lo que no puedes dar o alcanzar? No procede requerir salud, pues ésta es un objetivo que deberás lograr con suerte y autocuidados, pero no es algo que puedas obtener como tal en ningún sitio. Lo mismo ocurre con el dinero, salvo que vayas en busca de un tesoro oculto o te hayan dicho dónde está “El dorado” que nunca encontraron los conquistadores españoles. ¿Y qué decir del amor romántico? Lo primero sería acordarse como era, lo segundo aclarar sus ventajas. Constatando que no se puede implorar lo que no depende de ti, al menos solo de ti. Así que, aunque una famosa canción decía aquello de: “Tres cosas hay en la vida, salud, dinero y amor”. No se pueden pedir ninguna de las tres cosas. Muchos estarán pensando que lo mejor será darse un capricho y comprarse algo bonito y caro si es posible. Pero eso es poco ambicioso, para tal cosa no hacen falta los reyes magos, cualquier día es factible ir a una tienda y adquirir lo que puedas o lo que no puedas -financiado-. Falaz sociedad de consumo de placeres compulsivos y efímeros. No lo he tenido que pensar mucho, solo mirarme al espejo y contemplar el paso del tiempo, para pedir a los Magos de Oriente que hasta el fin de mis días me mantengan la expresión de mi cara, esa que construyen la mirada y la boca. Que se vaya marchitando la piel -lo menos posible- y perdiendo firmeza los músculos o el pelo -lo mínimo- pero que no se apague la luz, esa que viene de dentro y nos hace ser lo que somos. Eso es, solo quiero seguir siendo yo y no perderme un día en la sombra de los reflejos o deslumbrado por los focos de la banalidad y no verme nunca más. Quiero seguir acordándome de lo que sé y continuar siempre preguntándome por lo que nunca sabré. Llevar las riendas de unos caballos que quieran salir corriendo, aunque no corran. No son muchas cosas, es solo una: ser yo. Con eso podré conseguirlo todo o nada, dará igual. Es poder mantener el deseo de seguir a la estrella que dicen que llevaba a Belén.

Antonio Marín Pérez. Murcia a 4 de Enero de 2022

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