“Por Un Amor Que No Puede Vivir Y Sin Embargo Nunca Muere”

Frank Paulin. Paris. Puente de los enamorados 1960
Nina Simone – You Dont Know What Love Is Por un amor que no puede vivir, sin embargo nunca muere.

¿En qué partes del cuerpo se sienten las emociones?

¿En qué partes del cuerpo se sienten las emociones?

Notar mariposas en el estómago, tener un nudo en la garganta, que algo nos siente como una patada en la boca del estómago, que nos rompan el corazón o que pensemos que nos va a estallar la cabeza cuando nos enfadamos mucho no son solo frases hechas. Se trata de sensaciones reales que se desatan en diferentes partes de nuestro cuerpo cada vez que experimentamos una emoción, ya sea por miedo, tristeza, alegría, vergüenza, envida, felicidad o sorpresa.

Un estudio realizado hace unos años por un grupo de investigadores finlandeses arrojó datos muy interesantes sobre la estrecha relación que mantiene nuestro cuerpo con las emociones, hasta entonces muy cuestionada por algunos miembros de la comunidad científica. El grupo de trabajo de la Universidad de Aalto quería ofrecer una respuesta documentada a una serie de teorías sobre las emociones y el cuerpo que hasta entonces solo se habían abordado desde un punto de vista teórico. Se trataba de comprobar científicamente si existía un vínculo real entre lo que sentimos (cerebro) y dónde los sentimos (cuerpo).

Los resultados fueron sorprendentes, pues casi todos los participantes en el experimento marcaron las mismas zonas, lo que permitió a los investigadores finlandeses elaborar una especie de mapa corporal de las emociones. El estudio constata que la mayoría de los sentimientos básicos (enfado, miedo, tristeza, sorpresa) se localizan en la cabeza y en la parte superior del cuerpo, mientras que la felicidad y el amor, por ejemplo, recorren todo el cuerpo.

El desprecio, una emoción mucho más compleja, se nota sobre todo en la cabeza y en las manos y deja sin apenas energía la zona de la pelvis y las piernas. Algo parecido ocurre con la ansiedad, que se siente con muchísima intensidad en el tronco, mientras que brazos y piernas se desactivan, como si se quedasen sin fuerza. «Por eso es muy frecuente que durante un episodio de ansiedad, la persona que lo sufre tenga la sensación de presión en el pecho y al mismo tiempo sienta flojera en las extremidades», precisa la doctora Molina, psiquiatra en el Hospital Clínico San Carlos (Madrid)

«Otro de los aspectos más llamativos del estudio –añade la doctora Rosa Molina– es que confirma que la respuesta a las emociones es universal. Es decir, la sensación de tener mariposas revoloteando en el estómago cuando estamos enamorados no es algo cultural. Es una sensación que sentimos todos los seres humanos, desde los japoneses a los venezolanos. Lo que sí cambia es la manera de expresar esos mismos sentimientos. Mientras que en la cultura nipona se tiende a ocultar, inhibir o minimizar la expresión de las emociones en público, en otras sociedades como las latinoamericanas la gran expresividad emocional podría incluso ser confundida con rasgos histriónicos de la personalidad si estos fueran sacados de su contexto y evaluados por un psiquiatra o un psicólogo europeo. De ahí la importancia de conocer los matices de las distintas culturas».

Leido en La verdad de Murcia. CARMEN BARREIRO 


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