Siempre y para Siempre

Murcia 2020

La historia de cada uno de nosotros no estaría completa si no tuviéramos en la memoria el fantasma de un amor imposible, de aquella persona que marcó nuestro andar por el mundo con su fugaz presencia y que, probablemente, se llevó una parte de nuestra alma con ella. Esa persona que, por mucho tiempo que pase, seguirá en un hondo hueco de nuestro ser y podrá asaltarnos con su recuerdo una tarde cualquiera tan vívidamente, que quizá nos asuste reconocer que casi podemos oler su perfume.  Esther Pineda

Francesco De Gregori – Sempre e per sempre
Lluvia y sol
cambiando
la cara a las personas
moviendo cielo y tierra en su corazón, pasan
y vuelven
y nunca se detienen
Siempre y para siempre
Recuerden
estés donde estés
si me estás buscando
Siempre y para siempre
en el mismo lado me encontrarás
He visto gente irse y perderse y volver
y perderse de nuevo
y estirar la mano con las manos vacías
Y con los mismos zapatos caminando
en diferentes carreteras
o con zapatos diferentes
en una sola carretera
¿No crees?
si alguien te dirá
que ya no son los mismos ahora
La lluvia y el sol ladran y muerden
pero se van
dejan al tiempo encontrar
Y el verdadero amor puede
esconderse
confundirse
pero nunca se puede perder
Siempre y para siempre
en el mismo lado me encontrarás
Siempre y para siempre
en el mismo lado que me encontrarás

Las cosas que nos faltan, cuántas cosas. Las que quedaron en el camino o nunca accedieron a él. Quien más, quien menos, todos llevamos una filatelia de las ausencias.
Hay partidas, adioses de los que no volvieron ni volverán. Aún en las mejores y conquistadas alegrías, sobreviene de pronto un vacío y nos quedamos taciturnos, solos, tiernamente desolados.
Por suerte cuando soñamos vuelven todos, los que todavía son y los que fueron. Y abrazamos fantasmas, almas en pena y almas en gloria. Ellos nos cuentan su impiadosa sobrevida, aunque, eso sí, marcando siempre su territorio, que es sólo invierno.
Su exilio tan pasivo, tan inerte, no está consolidado. Con su martirio, nos martirizamos, quizá porque sabemos que todo eso acaba en un opaco despertar. Viene entonces la fase de ojos abiertos, también llamada insomnio. Allá arriba esta el cielo raso, con la araña de siempre en su rincón de redes. Nos faltan manos para acariciar, labios para besar, cintura que estrechar, cuerpo que penetrar. Todo es ausencia.
.

Mario Benedetti : Vivir Adrede

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