La Belleza en lo cotidiano

Un par de zapatos Paul Wright. Encontrar la belleza en lo cotidiano

Parece ser que todo sufrimiento tiene un límite. A partir del límite, o desaparece o se transforma, asume el color de la vida; acaso aún duele, pero ya el dolor es esperanza y vida. Así me ocurrió a mí con la soledad. Ahora no estoy menos solo que en mi peor época. Pero la soledad es un brebaje que ni me ha narcotizado ni puede ya dolerme; he bebido de esta copa lo bastante para haberme inmunizado contra su veneno. Pero en realidad no es veneno… lo fue, pero se ha transmutado. Veneno es todo aquello que no aceptamos, no amamos, no somos capaces de saborear con gratitud. Y todo lo que amamos, todo lo que nos sirve para extraer y sorber vida, es vida y es valor (1918-1919)Hermann Hesse.

La belleza de la sencillez en los actos cotidianos

A menudo, suele decirse que la vida es como una telaraña. Nuestras lineas se entremezclan en ángulos raros, tomamos caminos erróneos, nuestros esfuerzos no se corresponden con lo logrado y, al final, quedamos adheridos a estas realidades temiblemente complejas y desalentadoras.

¿Por qué nos cuesta tanto entonces deleitarnos con la sencillez de los actos cotidianos? ¿Por qué se nos complica tanto la vida? En cierto modo, tiene mucho que ver con lo que indicábamos hace un momento. El alma simple y la mirada humilde son dimensiones que no encajan demasiado bien en una sociedad que asocia lo complejo a lo eficaz, y en consecuencia, a la felicidad.

Nos venden ordenadores con muchos programas, móviles con infinitas aplicaciones, las tiendas nos ofrecen infinitos tipos de tratamiento para el cabello, y cada día nos recuerdan aquello de que es bueno tener muchos estudios, muchos títulos, muchos amigos… La complejidad se asocia a esa idea de dorada felicidad que en realidad, no siempre se cumple.

Algo que deberíamos tener muy en cuenta es que las cosas grandes ocurren cuando se hacen bien las pequeñas, y para ello, nada mejor que practicar el arte de la sencillez en nuestros actos cotidianos.

Avanzar en calma, siendo conscientes de lo que nos envuelve y haciendo uso del sentido común y la intuición son sin duda las mejores estrategias para deshacer cada nudo de nuestras complejidades vitales. Debemos confiar un poco más en nuestro instinto y ser receptivos a la voz del corazón. 

En ocasiones, dejamos ir gran parte de nuestra “cuota de vida” inmersos en esfuerzos infructuosos que nos separan por completo de aquello que de verdad deseamos. Así pues, recuerda que la complejidad no debe admirarse, debe evitarse, porque el arte de saber qué cosas debemos pasar por alto será el único camino que nos permitirá hallar aquello que de verdad merecemos.

A saber: el amor, la libertad, la integridad y la realización personal.

Parte de un artículo de Valeria Sabater

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