¿Y Encontraremos respuestas a las preguntas?

 “No sé por qué me salvó la vida. Quizá en esos últimos momentos el amó la vida con más intensidad que nunca, no sólo su vida, la de cualquiera, mi vida. Y lo único que quería eran las mismas respuestas que el resto de nosotros: ¿de dónde vengo?, ¿a dónde voy?, ¿cuánto tiempo me queda? Todo lo que podía hacer era quedarme allí y verlo morir.”

Melody Gardot. From Paris with love

 Hay épocas para hacer preguntas, momentos en los que el corazón late lleno de dudas e incertidumbres.

Decía Albert Einstein que «nada es tan importante como cuestionarnos».  A menudo, formular preguntas es casi más decisivo que hallar soluciones. Al fin y al cabo, quien se atreve a dudar de las cosas, a sondearse a sí mismo a través de profundas cuestiones, demuestra esa capacidad de reflexión con la que hallar nuevas perspectivas a las cosas y sus realidades.

Lo que buscamos sobre todo es dar significado a lo que nos sucede.  Autoexplorarnos es un principio de autocuidado, es tomar contacto con nuestras necesidades presentes, sean personales, emocionales o existenciales, para desatar nudos, higienizar espacios psicológicos.

La necesidad de hacer preguntas sobre nosotros mismos puede aparecer a raíz de muchas circunstancias.

Factores como romper una relación, perder a alguien cercano, dejar el trabajo o incluso transitar por un contexto de crisis social nos obligan a ese ejercicio de necesitada introspección. Formulándonos cuestiones para intentar comprender lo que nos rodea y, sobre todo, para hallarle sentido. Es como hacer un alto en camino para tomar perspectiva  y calibrar nuestra brújula personal con el fin de saber hacia dónde queremos ir. Porque quien no se hace preguntas no halla respuestas

Cuando las personas logramos darle un significado a nuestra existencia, todo cambia. 

Señalaba Carl Rogers, célebre psicólogo que asentó las bases del desarrollo personal, que la verdadera felicidad está en aceptarse a uno mismo y en entrar en contacto con nosotros mismos. Hacer preguntas, cuestionarnos, reflexionar sobre en qué momento estamos, qué queremos, qué nos falta o qué nos duele nos permite dar forma a valiosas revoluciones

Esa revolución interna se consigue mediante un proceso complejo. No es otro que el de encontrar «coherencia».  La coherencia entre la conducta y los valores ser coherentes cognitiva y emocionalmente  porque cada cosa que hacemos está conectada a los pensamientos y las emociones. («mis emociones y pensamientos se orientan hacia un objetivo deseado, hacia una meta que me motiva»).Al final tal vez llegará esa etapa en la que encontraremos respuestas a las preguntas.

Parte de un artículo de Valeria Sabater

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