“Todo Sigue Igual”

“No hay una sola realidad. Existen múltiples realidades. No hay un único mundo. Sino muchos mundos y todos discurren en paralelo… Cada mundo es la creación de un individuo”. -Paul Auster-

IMG_8079                                   Murcia. Septiembre 2019

Tenemos diferentes formas de ver la realidad.  Cada uno de nosotros construye la realidad a través de la educación recibida, las interacciones con los demás y los significados obtenidos a partir de nuestras percepciones, patrones de vida y, en definitiva, nuestra historia. Estamos inmersos en la subjetividad.

Kant, Piaget o Paul Watzlawick son partidarios de esta perspectiva. Esa en la que un mismo fenómeno cobra múltiples significados dependiendo del observador que esté presente, esa que nos recuerda que, de algún modo, no somos poseedores de la verdad absoluta y que la vida tiene tantos matices como personas habitan en el mundo. Esto es lo bonito y lo complicado. Bonito porque nos enriquece y complicado porque, a menudo, conlleva un ejercicio de responsabilidad, humildad y aceptación.

Ser conscientes de que el otro interpreta la situación de manera diferente es importante y, de algún modo, nos sugiere un ejercicio de empatía. Tener presente que nuestra pareja puede ofenderse con algo que para nosotros puede pasar desapercibido nos mantiene alerta. Porque, a menudo, no es tanto lo que sucede sino cómo lo experimentamos cada uno.

Por lo tanto, no se trata tanto de convencer y exigir al otro que asuma nuestra visión sobre la vida, sino de intentar comprenderlo, de averiguar cómo percibe a través de su mirada. Porque solo cuando entendemos que cada persona puede tener una opinión diferente y que se forma sus ideas a partir de su biografía, de su historia de vida, es cuando verdaderamente seremos capaces de establecer relaciones sanas y sinceras. De lo contrario, viviremos en medio de una marea de enfrentamientos y conflictos.

Las personas cambian y tienen su propio camino. Nada permanece, todo cambia y las personas no vamos a ser menos. Las experiencias nos transforman, a veces de forma obligada por las circunstancias y otras deliberadamente a través de nuestras decisiones. Lo importante es que con el paso del tiempo no somos los mismos.

Entender esto es tener en cuenta que el otro no siempre va a comportarse como esperamos, ni siquiera aun estando acostumbrados a ciertas conductas. Y por supuesto, nosotros tampoco. Cambiar es inevitable y un derecho si así lo queremos.

Cada relación es una oportunidad para aprender. Las relaciones están inmersas de sabiduría, de aprendizajes sobre uno mismo, los demás y el mundo en general. Nos enseñan las raíces del dolor, el sufrimiento y la desesperanza, pero también las raíces de la complicidad, la confianza, el amor y el poder del perdón.

Relacionarnos con otra persona pone en evidencia una parte de nosotros; sobre todo, con aquellos con los que tejemos vínculos fuertes y cálidos. Nuestras vulnerabilidades salen a escena y también nuestras necesidades junto a esos miedos que, a menudo, nos impiden avanzar.

Observar nuestras debilidades nos señala en qué aspectos debemos hacer más hincapié y qué esferas tenemos que trabajar más; mientras que ser conscientes de nuestras fortalezas nos indica a qué podemos aferrarnos cuando todo va mal y cuáles son nuestras potencialidades y mecanismo de protección. Y no solo eso, las relaciones son un gran libro de lecciones sobre los demás. Una oportunidad única para conectar con ellos y ver más allá del disfraz de la apariencia, para observarlos desnudos y contemplar la belleza de su esencia.

Amar es quererse para querer, respetarse para respetar. Es saber dónde están nuestros límites y ser conscientes de que no estamos obligados a soportar un mal trato, ninguneos o una continua situación de malestar. Somos libres para elegir en qué lugar estar y con qué personas.

Cada persona tiene una historia. Somos un puzzle de circunstancias, experiencias y vivencias. Un cúmulo de todo lo vivido que nos da forma, que nos construye. Porque todo cuanto acontece a nuestro alrededor, matiza nuestra experiencia y nuestro sentir, ya sea intensamente como de forma superficial, de puntillas… Saber que el otro es diferente y que se encuentra luchando sus propias batallas nos ayuda a comprenderlo.

No todo el mundo puede amarnos.  Nadie está obligado a amarnos, a estar de acuerdo con nuestra forma de pensar o a aprobar lo que hacemos. Es ley de vida.

Es inútil pretender que otra persona nos quiera por como somos o acepte todo de nosotros. No podemos encajar ni gustar a todo el mundo. Lo mejor es ser libres para tomar las decisiones que deseemos, para recorrer nuestro camino y que todo ello nos lleve junto a personas que sí quieran estar a nuestro lado.

No pasa nada si te equivocas.  Errar no es una condena, solo una oportunidad de aprendizaje. En cuestión de relaciones es imposible hacer todo bien a la primera, no existen manuales ni tutoriales, ni tampoco fórmulas mágicas.

Hay que saber decir adiós. Saber poner punto y final es uno de los aprendizajes más complicados. Decir adiós, aceptar que la otra persona ya no estará con nosotros y recomponernos no es nada fácil, pero tampoco imposible.

Parte de un artículo “Reflexiones sobre el amor” de Gema Sánchez Cuevas

Sinmigo. Mr.Kilombo. Rozalen

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