Necesitar a Nadie

IMG_2983-003 Issy-Les Molineaux – 2019

La Suerte; La fortuna; El azar.

Su influencia va mucho más allá de que nos toque un buen premio jugando a la lotería, podamos gozar de una buena salud y acertemos a la hora de construir el amor por la senda adecuada con aquellas personas a las que queremos.

Ejercen su papel desde que nacemos, dotándonos de unos cuidados, una familia, un contexto y una serie de oportunidades que de otra manera no tendríamos. Así, aquello que no controlamos estaba presente en nuestras vidas incluso antes de que estas existieran.

La situación es parecida a la que se produce al principio de la mayoría de partidas con naipes: A cada jugador le tocan unas determinadas cartas que le van a penalizar o por el contrario le van a dar una cierta ventaja

Que sea una cosa u otra no va a depender exclusivamente de las cartas que le hayan tocado a nuestro jugador, sino también de las que le hayan tocado al resto. Con las relaciones sociales, guardando las distancias, sucede algo similar. 

A lo largo de nuestra vida vamos encontrándonos con personas muy distintas y de manera muy diversa.

Seguro que si pensamos se nos ocurren un millón de situaciones en las que es fácil que surja una conversación con alguien que no conoces. Esas personas serían como las cartas de nuestro jugador: no tenemos control sobre quién va a coincidir con nosotros.

Tampoco tenemos demasiado control sobre cómo se relacionan entre ellas, ni sobre lo abiertas y dispuestas que se van a mostrar a la hora de conocernos a nosotros. Sin embargo, sí podemos intentar que de ese encuentro casual surja una relación que trascienda más allá de la mera anécdota.

Sí, hay factores que controlamos y que van a ser fundamentales para poder conocer mejor a la otra persona y que nuestra nueva relación siga adelante: desde dar un voto de confianza a mostrar interés por aquello que nos cuentan.

Dicho esto, viene bien recordar que lo opuesto también puede producirse. Es decir, también podemos hacer que con esos mismos factores, de los que somos responsables y conscientes, la relación no fructifique o se deshaga.

De hecho, y aunque suene paradójico, esto es mucho más sencillo que lo anterior. La lista de maldades que pueden terminar con una relación es infinita y habitualmente basta con solamente una de ellas.

A veces es muy difícil sacar a alguien de nuestras vidas

Puede que te venga a la cabeza lo que sucede en la película «Cómo perder a un chico en diez días«. En ella, una intrépida reportera intenta utilizar todas las estrategias que se le ocurren para conseguir que un chico, que intenta tener una relación con ella, se olvide del asunto.

El motivo de su reportaje y su forma de actuar es intentar demostrar que hay ciertos comportamientos, incómodos para la pareja, que hacen que una relación termine. Así, ella no puede ser directa y decirle: «No quiero tener una relación contigo».

Sin embargo, nosotros sí que podemos hacerlo y sin embargo, como ella, muchas veces utilizamos estrategias indirectas para conseguir lo que conseguiríamos con un puñado de palabras. Frases que quizás sean más dañinas en el presente, pero más agradecidas a la larga.

De esta manera, podemos tener una mayor o menor fortuna en nuestras relaciones, podemos ser mejores o peores seduciendo o conquistando, pero no nos olvidemos de mirar a la realidad de frente y con claridad.

Podemos hacer muchas cosas para que alguien que queremos se quede lo más cerca posible y también para hacer que alguien, que nos hace mal, se aleje…

Cada persona que entra en nuestras vidas desempeñará un papel determinado     Unos se convertirán en una prueba, otros nos usarán, otros nos querrán, a otros querremos y otros nos enseñarán.

En cualquier caso, debemos tratar de sacar lo mejor de nosotros mismos y apreciar lo que tenemos en cada momento más allá de los defectos, pues todo nos ofrecerá un aprendizaje.

Tú no decides quién entra en tu vida, pero sí quién se queda

Artículo por la psicóloga Raquel Aldana

Jorja Smith – The One

….
Yo le quise y, a veces, el también me quiso.

El me quiso, a veces yo también le quería.

Pensar que no lo tengo. Sentir que lo he perdido

Mi alma no se contenta con haberlo perdido

.Mi corazón lo busca, y el no está conmigo

.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no le quiero, es cierto, pero cuánto le quise.

Ya no le quiero, es cierto, pero tal vez le quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.                                                                              …

Aunque éste sea el último dolor que el me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Interpretación de un poema de Pablo Neruda

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