Un amor eterno e incondicional

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Homenaje a un amor eterno e incondicional

Una mujer que, con su sola presencia, aligeraba la pesadumbre de vivir”.

Señora de rojo sobre fondo gris, de Miguel Delibes

“Soy consciente de que con su desaparición ha muerto la mejor mitad de mí mismo”. Lo dijo Miguel Delibes en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, pocos meses después de la prematura muerte de su mujer, Ángeles de Castro. Ella le inclinó a la literatura, con ella tuvo siete hijos y ella fue su inseparable compañera durante cerca de 30 años. Ángeles de Castro es la señora de rojo sobre fondo gris.

Este libro es la única novela que el maestro Delibes escribió directamente en homenaje a una persona. Sin ser una biografía ni utilizar nombres reales, sí que es una clara evocación de la figura de su esposa. “La alegría que ha inspirado, no sólo a mí, sino a toda la familia”, así definió a Ángeles de Castro el escritor vallisoletano. Y esa visión es la que refleja en las páginas de esta preciada joya literaria. Mientras el lector recorre sus líneas se va impregnando de un sentimiento hondo de amor, sin sensiblerías de por medio, simplemente auténtica devoción descrita por alguien que, además de saber lo que es el amor, sabe y muy bien cómo contar una historia.

Un amor que adquiere un dramatismo y me atrevería a decir que una plenitud cuando aparece, primero sigilosa, después como un golpe seco, la enfermedad. La narración se va a ir acercando y centrando en las fechas inmediatamente anteriores al 22 de noviembre de 1974. De ese día del calendario, Miguel Delibes escribiría en una carta a su editor y amigo Josep Vergés lo siguiente: “Me parece que hemos pasado de la juventud a la vejez no en poco tiempo, sino en una noche”. Ángeles de Castro fallecía a los 50 años de edad.

Por tanto, esta novela habla sobre la muerte, sobre la pérdida y sobre un pesar tan humano y sencillo como es lamentar no haber dicho a tiempo a alguien ya muerto cuánto lo amabas. “Un día adviertes que aquel que te ayudó a ser quien eres se ha ido de tu lado y, entonces, te dueles inútilmente de tu ingratitud”. Este pasaje del libro me conectó con aquellas palabras que un Borges ya mayor y muy sabio dijo en una entrevista: “Cada vez que muere alguien, uno inevitablemente piensa: no me hubiera costado nada ser más bueno. Sin embargo, uno no lo ha sido, uno ha insistido en tener razón, lo cual es una mezquindad”.

Mención especial merece la referencia que hace la novela al contexto político de esos años, no tan lejanos. El narrador es un padre que se dirige a su hija, encarcelada por oponerse al proceso 1001, que había llevado a prisión a toda la dirección del sindicato Comisiones Obreras, con penas de 12 a 20 años. Hasta los últimos momentos de la dictadura franquista las condenas por motivos políticos estuvieron a la orden del día, y las torturas también. Aquí Delibes demuestra que es un escritor comprometido con su tiempo. Él mismo sufrió la censura del régimen como director del diario El Norte de Castilla, función que se vio obligado a abandonar por presiones y amenazas. Señora de rojo sobre fondo gris no se publicó hasta bastantes años después de la muerte del dictador.

Pero volvamos al corazón de la novela, volvamos a Ángeles de Castro. Su retrato no sólo es literario, también lo encontramos a modo de pintura en la portada de algunas ediciones del libro. De ahí viene su título, del nombre de ese cuadro. El pintor Eduardo García Benito la retrató casi a la edad a partir de la cual no cumpliría más años. Ángeles de Castro no envejeció. La pintura quedó como testimonio de su imagen imperecedera.

Empecé este comentario al libro con una cita del discurso de ingreso de Miguel Delibes en la Real Academia Española. En Señora de rojo sobre fondo gris hay una frase que, aunque puesta en boca de un personaje ficticio, corresponde al discurso de respuesta del académico Julián Marías, concretamente a las palabras que dedicó a Ángeles de Castro: “Una mujer que, con su sola presencia, aligeraba la pesadumbre de vivir”. Contaba Delibes que la frase le dejó con un nudo en la garganta, preguntándose si podía decirse de alguien algo más hermoso, pensando que exactamente así era ella.

Reseña de Ricardo Guadalupe, Madrid, España

José Sacristán protagoniza esta adaptación de la obra del escritor Miguel Delibes

Volver a Miguel Delibes es no dejar de aprender a mirar», afirma José Sacristán sobre esta aventura teatral que acaba de emprender. Por primera vez se adapta al teatro el texto, en forma de monólogo, del dramaturgo vallisoletano ‘Señora de rojo sobre fondo gris’. El veterano actor, que en 1989 estrenó otra novela de Delibes, ‘Las guerras de nuestros antepasados’, vuelve ahora a trabajar sobre un texto del autor, adaptado por José Sámano, que ha contado con la ayuda de Inés Camiña, una joven actriz y escritora, y las sugerencias del intérprete. Nur Al Levi, hija de Cristina Rota, está al mando de la producción.

Esta vez el actor, con más de 60 años de carrera a sus espaldas y cargado de proyectos -su anterior montaje teatral, hace unos meses, fue ‘Muñeca de porcelana’, de David Mamet-, se pone en la piel de Nicolás, un pintor con muchos años en el oficio, que lleva tiempo sumido en una crisis creativa. Desde que falleció de forma imprevista su mujer, que era todo para él, prácticamente no ha podido volver a pintar. Durante el verano y otoño de 1975, mientras la democracia trataba de abrirse camino, la hija mayor de ambos está en la cárcel por sus actividades políticas, y es en esas fechas cuando surgen los primeros síntomas de la enfermedad de su madre, que la hija vivirá desde dentro de la prisión. Es otro recuerdo permanente en la vida de su padre. Un momento que el escritor aprovecha para dejar constancia y denuncia de la situación imperante: el temor a la tortura y a los malos tratos, la pesadumbre de las visitas a la cárcel y la esperanza de que aquello se acabara pronto.

La novela, como reconoció su autor, es un medio para contar la historia de su vida junto a su esposa, Ángeles de Castro: «Los dos tipos de mujer que he dibujado con mayor esmero a lo largo de mi vida de narrador son: Carmen, la Menchu protagonista de ‘Cinco horas con Mario’, y Ana, personaje central de ‘Señora de rojo sobre fondo gris’. Dos mujeres, no ya distintas sino antitéticas, que de alguna manera podemos considerar representativas de la España de la segunda mitad del siglo XX», afirmaba Delibes. Un retrato de la personalidad de una mujer que lo fue todo para él, que lo guió hacia la literatura y, sobre todo, una descripción del proceso de la enfermedad que le condujo a una muerte inesperada a los 48 años de edad.

Cuarta adaptación

‘Señora de rojo sobre fondo gris’ es la cuarta novela de Miguel Delibes adaptada al teatro. La primera de ellas, ‘Cinco horas con Mario’, fue un éxito rotundo que, cuarenta años después, todavía se sigue representando, con Lola Herrera en la piel de Menchu. Después llegó ‘La hoja roja’, ‘Las guerras de nuestros antepasados’ y ahora este monólogo.

Salvo ‘La hoja roja’, las demás adaptaciones han sido puestas en marcha por José Sámano, siempre que se ha podido en colaboración con el escritor. En este último caso, el trabajo comenzó a realizarse en 2008. Pronto hubo algún esbozo que no acabó de convencer. Por problemas de salud de Delibes, la adaptación quedó interrumpida y el académico falleció en 2010 sin poder ver terminada la obra. En 2019, este es el resultado

Reseña en el periódico La Verdad de Murcia por Natalia Benito

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