Qué Vendrá

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Jardín japonés. Fundación Albert Kahn París.

ZAZ. Qué vendrá

¿Por qué percibo las cosas de un modo diferente y a veces hasta sufro más que los demás? ¿Qué explicación hay tras el hecho de que me alivie tanto la soledad? ¿Por qué observo y siento cosas que los demás suelen pasar por alto?

Ser parte de ese 20% de la población que se reconoce a sí misma como una persona altamente sensible (PAS) no es una desventaja. Tampoco debemos ponernos esa etiqueta de “soy diferente”. Es muy posible que a lo largo de tu vida, y en especial durante tu infancia, fueras muy consciente de esa distancia emocional, y de cómo en ocasiones, tenías la sensación de vivir en una especie de burbuja de extrañeza y soledad. Sin embargo, nada de ello justifica que debas establecer una distancia entre ti mismo y los demás.

 

Fue Elaine N. Aron quien a principios de los 90, ahondando en la personalidad introvertida, detalló con minuciosidad los rasgos de una nueva dimensión no descrita hasta entonces. Era esa que reflejaba una realidad social: la de las personas altamente sensibles, reflexivas, empáticas y a la vez, reactivas emocionalmente.

Si es tu caso, si te sientes identificado con esos rasgos que la doctora Aron nos dejó en su libro The Highly Sensitive Person, es importante que te convenzas también de que la alta sensibilidad puede ser también un don. Una capacidad excepcional capaz de enriquecer tu vida en diferentes aspectos.

Ya desde la infancia, el niño con alta sensibilidad percibirá aspectos en su día a día que le van a ofrecer una mezcla de angustia, contradicción y fascinante curiosidad. Sus ojos captaran aspectos que ni los adultos tienen en cuenta.

Esa mueca de frustración en sus maestros, la expresión de preocupación en su madre, el enamoramiento de su hermana mayor… Serán capaces de percibir cosas que otros niños no ven y mostrarán además una elevada madurez emocional. Todo ello perfilará una realidad a instantes tan difícil como contradictoria. Verán el mundo con la mirada de un niño que se abre tempranamente al mundo de las emociones sin saber aún que las guía, que las hace vibrar o qué afila el sufrimiento adulto.

 

La sensibilidad es como una luz que resplandece, pero a su vez, nos hace más vulnerables al comportamiento de los demás, a las mentiras piadosas, a los desengaños, a las ironías… ¡Es que todo te lo tomas a la tremenda! te dirán a menudo, ¡Es que eres muy sensible! te comentarán otros. Así es, pero ¿qué más da? Eres quien eres, ni mejor ni peor. Solo tú. Alguien con un don que exige una alta responsabilidad, tu conocimiento sobre las emociones te exige también saber protegerte. Saber cuidarte.

Las personas altamente sensible encuentran cierto placer en sus instantes de soledad. Son rincones que buscan con anhelo para llevar a cabo sus tareas, sus aficiones. Son personas creativas que disfrutan de la música, de la lectura… Así, y aunque ello no signifique ni mucho menos que eviten la compañía de otros, es en soledad donde más cómodos se encuentran.

 

A la hora de hablar de las personas altamente sensibles, es común que se les asocie al sufrimiento. Mantenemos la idea de que la sensibilidad duele y nos hace frágiles. De que la alta sensibilidad es sinónimo de depresión, tristeza y aislamiento. Es un error. Porque de hecho, hay algo que el resto no sabe: pocas realidades se viven con  mayor intensidad que edificando un día a día que parte directamente del corazón.

La alta sensibilidad nos permite disfrutar mucho más de todo lo que nos rodea. Conectamos con la música, la naturaleza, el arte… Conectamos de forma auténtica con nuestros amigos, parejas, familia… Apreciamos detalles que hacen mágica la cotidianidad. Nos emocionamos como nadie y además, no tenemos miedo a la soledad. En ello no hay debilidad, hay fortaleza.

El sencillo acto de experimentar la belleza de un cuadro, de un paisaje o de una melodía, es para las personas altamente sensibles una vivencia intensa. Enraizada en el propio corazón.

 

La alta sensibilidad no se cura. Se potencia y se aprende a vivir de forma eficaz con ese don. Porque las personas altamente sensibles vienen al mundo con ello y deben aprender a hacerlo suyo sin que duela, sin que limite. Asumir cada característica te permitirá ir generando con el tiempo toda una revolución interior

No es fácil vivir con este don, queda claro. No obstante, las personas altamente sensibles terminan asumiendo una responsabilidad con ellos mismos. Esa responsabilidad parte de la autoestima, de una adecuada Inteligencia Emocional y de una adecuada capacidad de resiliencia. Día a día y año a año nos sentiremos más seguros. Porque la clave está en favorecer ese autoconocimiento con el cual, aceptarnos y aceptar a los demás. Cuando llega ese día, ponemos en marcha el motor del crecimiento

 

Una vez hayas descubierto tu propio ser y tus facultades, encuentra tu equilibrio y fomenta tu crecimiento personal. Eres único y vives desde el corazón. Anda en paz, anda en seguridad, y sé feliz.

Parte de un artículo de Valeria Sabater

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