¿¿¿¿¿Hasta Los 67??????

 

Trabajar menos, trabajar todos

José María Requena | Actualizado 31.01.2010 – 01:00
 
VAYA por delante que uno, a rebufo de otros que saben más del tema, como Bertrand Russell o Luis Racionero -por citar a dos de los más sugestivos al argüirlo, aunque no de los más técnicos- conviene con ellos en que en la historia del mundo mediterráneo, que es como hablar de la universal, siempre existió una clase social más ociosa que las demás. Tal lujo, que solía derivar de su propiedad sobre la tierra trabajada por otros, fue esencial para la evolución del conjunto de artes y ciencias que conforman lo que hoy llamamos civilización. Y que, mal que nos pese, sin esa clase pasiva, cuyos privilegios inconciliables con la justicia social aún perviven hoy entre eufemismos, jamás se habría superado la barbarie primigenia. De ahí que muchos exaltemos la bondad del tiempo libre, como motor de creatividad y buena vida, aunque a la vez no falte quien se horrorice ante cualquier designio de reconocer al pueblo llano tal aspiración de más ocio como vía para tener más bienestar. Russel razonó a su manera que con un promedio de cuatro horas de trabajo al día, sabiamente gestionado, sería suficiente para producir lo que hoy se precisa en artículos de primera necesidad y comodidades básicas. Que un mundo sensato no necesita fabricar más y más coches o televisores, porque hay demasiado de todo. Que generar la mitad, aunque usando el doble de mano de obra y reduciendo a la mitad el horario laboral, era posible y deseable. Y que el aserto del filósofo Epicleto, de que la vida feliz será imposible mientras no simplifiquemos nuestros hábitos y no moderemos los deseos, sigue siendo más válido hoy que nunca como un logro preferente de la civilización. Una civilización sobre la que Racionero se pregunta, ¿por qué cuando las máquinas están quitando el trabajo a las personas se empeñan empresarios y políticos en que hay que crear más puestos de trabajo? El sentido común nos dice que si las máquinas hacen lo que antes los hombres, éstos han de trabajar menos; la historia nos dice que se ha pasado desde ochenta horas semanales en el siglo XIX a sesenta y luego a cuarenta…; la economía nos dice que es rentable invertir en máquinas cada vez más perfeccionadas; la ética cristiana nos dice que el ser humano está en este mundo para desarrollar sus capacidades mentales y espirituales…
Entonces ¿por qué ese empeño en no dejar a las máquinas lo que es de las máquinas y al hombre el tiempo libre?Y al margen aquí y ahora de en qué use el hombre-masa su tiempo libre, que ese es otro debate aún más apasionante, a uno no le cabe duda de que el futuro supondrá trabajar todos menos, para poder trabajar todos. Que faenar con mesura, es hasta saludable.
 
 
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