Sonetos Votivos

                                         Soneto  XI

                Sin piedad empuñado y sacudido,
tu cuerpo gime, implora y desvaría
en el alto voltaje de agonía
por mis dedos y labios inducido.

¿A qué abismo de ti dulce y temido
tu carne se abalanza y se desvía?
¿Qué la desgarra, y colma, y desafía
y agita como un dios enloquecido?

Nada sino la carne sueña y piensa;
solo hundido en su fiebre y en su peso
vive el sentido, y la aventura inmensa

que llamamos espiritu, y por eso
no puede el ansia en la que te has urdido
rendirse a la Verdad sin un rugido.

                                                Tomás Segovia
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